domingo, 14 de mayo de 2017

un pacto de silencio

Es escritor. Me recibió en su apartamento de lujo, un piso alto con vista a la ciudad del sangrado corazón y los pies descalzos. La decoración era estupenda, no es gratuito estar casado con la artista plástica más importante del país. Tan solo en su sala cabía mi apartamento... un par de veces. Al calor de un café con cardamomo comenzamos la charla que es parte de uno de mis proyectos de investigación. Él, en 1989 me llevó de la mano por los caminos del caballero de la triste figura, explicándonos a una manada de palurdos los dos tomos con una sabiduría envidiable en la versión de  Martín de Riquer, luego sería el mundo de Odiseo y su aventura como ejemplo del viaje del héroe de las mil caras. En 2012 volvió a guiarme (ésta vez en la maestría de escrituras creativas) por las calles de Dublín acompañando a Leopold Bloom y Stephen Dedalus en su periplo por el discurrir del pensamiento, su condición de judío (al igual que el protagonista), y el ser egresado de sociología en Princeton, hace que su análisis de la obra sea un portento. Conozco pocos escritores personalmente, así que cada vez que puedo compartir información con alguno intento sacar el mayor provecho al tiempo. Me confesó que la decisión de seguir su vocación le costó un divorcio, y que su actual esposa le allana el camino para que no deje de escribir. Luego de hora y media de charla, chistes y chismes lo dejé con la promesa de volver - a tomar café o lo que quieras, según dijo- pero me quedó en la cabeza uno de sus comentarios: el artista, el escritor, hace un pacto con el silencio, no con los amigos. Su condición es la soledad.

domingo, 23 de abril de 2017

la serpiente y el gallo

Mr. Net me pidió que reservara la noche del sábado para asistir a un ágape en honor a una cantante firme, porfiada y pertinaz en su propósito. El mismo intermediario nos había presentado durante un concierto de los makenzy un par de meses atrás. Llegamos temprano, tipo nueve de la noche, a una desvencijada casa esquinera en santa teresita, famosa por su actividad musical. La celebrada estaba guapa a morir, con un vestido largo de escote infinito en la espalda y borceguíes tejanos. Le di un abrazo (rozando la piel de su espalda con mi mano) y la felicité mientras su mirada entrecerrada bajo el capul me sonreía con cortesía. Luego de un rato se acercó a nuestra mesa, visiblemente achispada por el aguardiente, y nos ofreció sendas copas, se alegró de que aceptara el brindis pues le había dicho que debía levantarme temprano y no podía  ponerme copetón como ella. Pocos minutos después nos ofreció una segunda ronda, a la que  Mr. Net volvió a negarse. Lo reprendí por tamaña descortesía y me inmolé por él. Ella quedó sorprendida cuando brindé por la serpiente que celebraba cuarenta, me preguntó si yo también lo era pero le dejé en claro que le llevo ventaja por ser un estupendo representante del año del gallo. Me respondió animada que le gustaría hacer migas con un plumífero ya que en hasta el momento siempre se había aliado con enemigos, sin saberlo. Consciente del tema le dije que me interesaba el asunto pues se dice que las serpientes, a diferencia de Adán, me son benéficas y no había conocido alguna. Así quedó abierta la posibilidad para una amistad con miras a desarrollar proyectos pues tenemos la misma profesión.  Cerca de la medianoche ella estaba más que achispada, estaba en llamas y dio un recital improvisado. Yo, como Cenicienta, desaparecí antes de las doce, pero dejé mi zapatilla de cristal.