domingo, 21 de enero de 2018

nubes de leche y miel



En la carta un dragón surca el cielo, es buena señal siempre y cuando prevalezca la corrección implícita en la coherencia de pensamiento, palabra y acto, algo nada fácil para mi mente fogosa y volátil. Pero he seguido los doce pasos y hasta el momento lo he conseguido. Nos hemos vuelto a ver y las velas están hinchadas por el deseo. Ella me sorprende con una paciencia nada habitual en la generación milenaria, está chapada a la antigua y espera que sea yo quien muerda primero. No me queda mucho tiempo si quiero mantenerme en el camino zen del equilibrio. Mi mente ya comienza a centrarse en su centro lubricado con aceite de chocolate. Intuyo un carnaval de pasión en armonía con el espíritu sacralizado por la vía del fuego. Quiero explosiones blancas en la piel tensa y tersa de su vientre. Sonrisas entreabiertas que se muerden con ojos en blanco mientras sus uñas dibujan mapas en mi espalda desvelando la clave. Luego charlas íntimas sin cigarrillos (a pesar de todo el cine no nos golpea tan fuerte) y vuelta a empezar con los deseos de leche y miel.

domingo, 7 de enero de 2018

le sens de la fete

El ataque no se ha dado aún a pesar de no haber barreras. La proxémica se rompe con facilidad como el hielo que le falta a los polos. Los mensajes indirectos tan extraños en la era del trino se dejan ver en las agujereadas redes. Aprovecho confiado el mínimo avance, ambos picamos nuestros anzuelos pero no picoteamos los señuelos aunque lo anhelamos a ojos vista. Caminamos en la noche por un Palermo inglés vaciado de extraños, el escenario dispuesto.



Volví a ver esas luces que tanto amo, 
esas que dan cuenta de la presencia de alguien sin mostrarle.
Fui muy feliz viendo casitas en el barrio Palermo, 
recordando los borrachitos de la Metropol,
adivinando si el servicio entraba por esta u otra puerta 
de esas casas del "barrio inglés" de Bogotá,
apostando si está o la otra serían las ventanas de la cocina, 
asomándome a ellas solo para inventarle la vida 
a los ocupantes desconocidos
 y saludar a gatos como si los conociera de años.

Ni el gin tonic, ni el vino caliente me han dado la fuerza necesaria para morderle los labios.