martes, 7 de noviembre de 2017

caprichosa

La memoria es caprichosa, por eso me gusta hacer listados. Pero hace un tiempo he olvidado hacer listas de lo que quiero y debo hacer. Me pregunto: ¿por qué lo olvidé, si es tan importante? Sigo adelante como si nada, cada nuevo día comienza desde cero. La vorágine de la cotidianidad absorbe todo, energía, intención, impulso y memoria. Hasta que aparece un hasta aquí, no va más. Y evalúo lo hecho, pero intento no volver a mirar atrás para no ser estatua de sal, lo siento por Rut pero debo seguir adelante. Y las listas aparecen de nuevo, tranquilas, desde un infundado fundido a negro, poco a poco, borrosas. Y la imagen es la misma de siempre ¿para qué buscar algo que no está perdido? la memoria es caprichosa y ahora me pide hacer listados.

viernes, 27 de octubre de 2017

jorge el jardinero

Cuando lo conocí él ya era un anciano, llevaba siempre un chicote de pielroja flotando de la comisura de su boca y arrastraba por toda la ciudad un remolque con sus herramientas de trabajo. De eso hace más de veinte años. Ayer lo recordé por alguna razón indeterminada.

Aparte de su eterno aroma a rompepechos olía a sudor añejo, así que era fácil notar el trazo que iba dejando su presencia. Esa cualidad estaba acompañada en la banda de sonido con su eterna cantinela, como cajita de música, pues siempre estaba hablando, narrando anécdotas o cantando acompasado por el tronar de su máquina manual para cortar el pasto. La guerra de Corea y sus hijos eran temas obligados. Hablaba con el jardín como se le habla a un amigo, les daba piropos a las rosas y a cuanta planta que creciera en el que ahora es el vergel de mi hija.

Llamaba la atención ver su figura pequeña y escuálida halar de su remolque con la fuerza de un toro durante kilómetros por toda la ciudad. Elegante, con zapatones enormes que seguramente le regaló algún gigante, pantalones raídos sostenidos al cinto por una cabuya, siempre con un saco cruzado, brillante por el tiempo, y un sombrero que cubría su cabellera cana y espesa. El sudor era testigo del enorme esfuerzo que realizaba a diario. Vivía sólo en una habitación.

Le perdí la pista hace tiempo, ya no se le ve por el barrio timbrando en cada casa ofreciendo sus servicios de jardinero. Las últimas veces que lo vi estaba enfermo pero hacía como si no pasara nada. Me queda la imagen de un gran hombre solitario que comprendía la vida a profundidad y que aún no olvido.