domingo, 23 de septiembre de 2007

El dulce amargor de la soledad

Hace tres días discutimos en la noche, ella salió de viaje de trabajo muy temprano en la mañana. El asunto quedó así, cuando desperté ella no estaba. Me sentía bien, necesitaba ese tiempo para estar solo. Trabajé en casa, jugué con el gato, escuché música al volumen que me gusta, de hecho los parlantes se dañaron, canté, grabé un boceto de canción, lavé la ropa, incluso limpié el apartamento.

Pasaron dos días, no me afeité, ella no dijo cuando volvería, solamente me había dejado una nota en la que me pedía de una forma muy sentida que no la dejara, incluso se disculpaba porque en el fragor de la discusión me había dicho que me largara con mi música a otra parte. Eso me enterneció, nos hemos hecho mucho daño con las palabras en esta relación.

Los celos han dejado consecuencias, las huellas se ven con claridad, por esa razón decidí llamarla a las once de la noche del viernes, quise hacerle saber que estaba en casa pues la llamé del teléfono fijo, no del celular. La conversación no duró más de treinta segundos, en parte porque la comunicación no era buena, ningún tipo de comunicación. Un minuto después recibí en el celular un mensaje de texto en el que me pedía que aprovechara su ausencia para disfrutar de mi tan anhelada soledad.

La entiendo, es una situación extraña, y aunque me siento bien estando solo, hay otra parte de mi que siente una profunda tristeza, sin embargo no hay llanto.

¿La otra bella mujer?, no sé, casi no hablamos y prácticamente nunca nos vemos. ¿De dónde surge el interés?

La soledad da espacio para pensar, pero no necesariamente da las respuestas.

Ella llegó al medio día del sábado, pasamos la tarde juntos, hasta compartimos el sofá para tomar una siesta, sin tocarnos. ¿Es esa otra clase de soledad?
Preferí pasar la noche solo en la habitación, ella usó el sofá aunque me hizo saber que prefería dormir a mi lado. Me negué. Eso es el dulce amargor de la soledad.

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

El dulce amargor de la soledad, dices... Es una soledad que desmaya en la distancia, o quizás la soledad que describes es de aquellas que busca reencuentrosl
Un cordial saludo.
Alicia