viernes, 28 de agosto de 2009

diez años después

Hace trece años viajó a Europa y se enamoró de un parisino. Hace doce años conocí al parisino pues vino a vivir aquí con ella. Hace once ella se fue a París con el, y hace diez que no la veía. Hace un mes la volví a a ver y nos comportamos como si nos hubiesemos dejado de ver por diez minutos. Mañana se va y no sabemos cuando nos volvamos a ver.

Somos amigos entrañables, y dejaremos pasar otros diez minutos.

viernes, 21 de agosto de 2009

de cadenas y disparos



Víctima de un arrebato de nostalgia he decidido publicar algo de lo que escribía hace doce años. No me avergüenzo, pero si me sonroja rebuscar en el baúl de los escritos.

Parece que estoy hecho de re-comienzos que se encargan de formar esa cadena que me asfixia: la angustia. Supongo que es eso, sé que se llama así porque estoy leyendo a Camus (los muros de lo absurdo), por eso me atrevo a nombrarlo.

El recomenzar implica tiempo, y el tiempo implica pérdida cuando hay que re-comenzar una vez más. Es estar cada vez mas lejos de lo que se busca, es verlo navegar por el horizonte cada vez más pequeño.

Sin embargo algo queda, cada vez queda menos, pero a cada logro crece un poco. Y la lucha está en no dejarlo desaparecer, porque de ser así no vale la pena seguir. Por lo menos no antes de morir. Porque ya se sabe que nada importa, y aún menos cuando ha muerto. Vanidad de vanidades.

La cadena del tiempo se estrecha alrededor del corazón (co-razón). Hay menos latidos, pero con más presión. Es mejor un sólo disparo bien hecho, que descargar todo el tambor sin atinar una sola vez. Eso lo saben bien los amantes viejos, y lo aprecian las calentonas jóvenes.

Aún puedo correr sin fatigarme. Aún puedo dar guerra. Cada vez con menos amigos, pero los que quedan son más valiosos. Tal vez sea bueno descargar todo el cañón sobre los amigos, para que sobrevivan los que son.

Un buen disparo no mata a un buen amigo. Los buenos amigos son como las calentonas jóvenes. La tristeza sube su nivel con el paso del tiempo, cuando no se ven resultados. Es lógico. Pero es bueno recordar que todo es absurdo.

Subo la roca a la montaña una y otra vez. Los dioses me lo permiten ¿pero por cuánto tiempo?. La cadena es cada vez más gruesa y cerrada. En el tambor quedan menos balas. Pero la mirada sigue tranquila lo que busca en el horizonte.

12 de julio de 1997

domingo, 2 de agosto de 2009

las sirenas de bagdad

Vivo en el centro de la ciudad, con todo el movimiento y barullo que eso implica. En las noches la agitación continúa hasta cerca de las once, y en la madrugada hay una relativa calma y silencio entre las tres y las cinco de la mañana. Luego el ciclo se repite, excepto los domingos donde la paz es mas duradera.

Tengo presente este horario porque puedo grabar mi música en cualquier momento, y también porque en repetidas ocasiones, entre las dos y las cuatro de la mañana, una alarma o sirena de un almacén se dispara (no encontré un mejor término para definirla) y nadie hace caso de ella, lo que definitivamente perturba mi(s) sueño(s).

¿Alguién le presta atención a estas alarmas de seguridad de carros y almacenes? Se activan tan constantemente, que ya no llaman la atención, y se supone que para eso fueron creadas, ya nadie se alarma con las sirenas. Por lo menos en mi ciudad. Es curioso que las llamemos sirenas, como los seres mitológicos de la antiguedad, porque ellas cantaban de forma tan bella que distraían a los marineros haciéndolos perder el rumbo. Sin embargo los adefesios de nuestros días que han heredado su nombre, no seducen a nadie y mucho menos hacen que perdamos el camino.

No alcanzo a imaginar si algo similar sucedió hace unos pocos años, cuando los aviones de guerra comenzaron a surcar el cielo, obligando a disparar el canto a las sirenas de Bagdad.