sábado, 28 de noviembre de 2009

el problema de la vista gorda

Al comenzar la década de los ochenta comenzaba también mi adolescencia, el moscardoncito (no tan diesel por entonces) era un crío tranquilo que había vivido una infancia con violencia intrafamiliar (por desgracia propia del país del sangrado corazón) adornada con algunos lujos propios de la fanfarronería de mi padre. Sabía que la vida no podía ser eso, pero no tenía claro el papel que yo quería desempeñar, era un niño bien.

La familia se rompió (por fortuna, pues era insoportable vivir con miedo) y mis hermanos y yo vivimos bajo el ala dulce y protectora de nuestra madre. Crecí viendo el ejemplo real de una mujer que no se amedrenta por la vida, mi padre se hizo a un lado y cuando aparecía lo hacía para atacarla a ella, nada que sorprenda de la hombría del país de la seguridad democrática.

Cuando llegó el día de merecer el diesel, me di cuenta que las mujeres, y sobre todo las madres de este país son las que nos mantienen vivos, a pesar de todo. Mi padre nunca se enteró de cómo crecimos, ni que pensábamos de la vida, no le preocupaba lo que no tuviera que ver con él.

Ya son ancianos los dos, hace poco les conté mi experiencia en el Putumayo (que he intentado narrar brevemente en cinco capítulos en este blog) y me llamó la atención la reacción que tuvieron. Mamá se desconcertó un poco, pero como tiene la ventaja de ser madre, comprendió rápidamente la situación y escucho casi sin intervenir. Mi padre en cambio culpó a la humanidad, a los comunistas, a los extraterrestres y a todo ser viviente por lo que el consideraba un retraso en su desarrollo espiritual. Me dijo que no pretendiera vivir en Suecia. Le pregunté qué hacía al respecto, a lo que atacó con  agresividad, diciendo que la edad le daba el conocimiento. De sobra está decir que aunque nunca dije la palabra Uribe, el prejuzgó que estaba atacando al vaquerito que dicta su gobierno. En fin.

Por desgracia esa reacción de mi padre es la misma que la de muchos colombianos, se llenan de orgullo por heredarnos un país deshecho, tramposo y violento y debemos estar de acuerdo y callar.

Debo decir que estoy aburrido de la doble moral de los colombianos y de su profunda ignorancia. Vivo en un piso quince y sé que desde arriba todo se ve mejor, sin embargo cuando uno baja y se acerca a la vida real se entera que no es tan bonita como parece en la distancia, que  he vivido en una imagen. Algunos prefieren hacerse los de la vista gorda, mientras no los afecte no existe, y endosan su labor y sus deberes ciudadanos a personajes que los embaucan ofreciéndoles una supuesta seguridad, pues saben que no van a arriesgarse a mirar por si mismos la situación para generar un criterio que ayude en algo a los verdaderos afectados. Saben que nuestra pasividad es su mayor ventaja.

2 comentarios:

Campanula dijo...

Hola, un post muy sincero diría yo.
Ser madre es bastante complicado en un país donde los hombres se olvidaron de el papel que implica ser padre, otros lo hacen perversamente mal, y solo de unos cuantos se puede decir que sean buenos en su rol de papás, pero bueno, hablando de nuestro país, creo que el problema es la intolerancia, el desamor y desapego que sentimos por nuestra patria, como decía un amigo ¨tu madre puede ser la puta del barrio, pero sigue siendo tu mamá¨, no podemos cambiar el mundo, mucho menos nuestro país, pero en algún momento si podemos cambiar la vida de alguien mas, y en ese instante, ese alguien quizás cambie la vida de otro, y oportunamente nuestra sociedad puede ser mejor.
un abrazo

el aguijon del moscardon diesel dijo...

la verdad es que no me identifico con la idea de "la patria", los nacionalismos no me saben bien, creo que el punto es de humanidad.