martes, 17 de noviembre de 2009

en la selva del putumayo IV




Caminamos por los montes desde las nueve de la mañana en busca de la casa de los Valverde, pues Marcela, una niña de diez y seis años y dinamizadora social del asentamiento había intentado quitarse la vida, pues pensaba que estaba embarazada.

Luego de caminar cuarenta minutos bajo un sol de respeto, y de atravesar varios caños por troncos caídos que los atravesaban, llegamos a una de las habituales casas de madera de la zona. Mis compañeros llamaron a Marcela, pero nadie contestaba, así que decidimos franquear el umbral  y llamar desde el interior de la casa.

Escuchamos una voz muy débil y la seguimos hasta entrar en la habitación. El lugar tenía dos camas sin colchones, las sábanas forraban las tablas. En una de ellas estaba un hombre de unos sesenta años, acostado de medio lado, inmóvil, su cabeza flotaba en el aire aunque tenía una almohada debajo, parecía un hombre de piedra. Era el señor Valverde, llevaba doce años sufriendo del mal de Parkinson, y era el abuelo de Marcela, quien se hacía cargo de el. Hablaba con dificultad y muy débilmente. Nos pidió que lo acomodáramos, y arreglamos la almohada para que le sirviera de algo. Nos dijo que ella había salido temprano. Diez minutos después salimos de la casa.

La escena nos golpeó a todos, lo último que esperaba era encontrarme con algo así, la gran ayuda que le dimos fue cambiarle de posición y arreglarle la almohada ¡gran vaina!. Imagino que en este momento, quince días después, Don Valverde está abandonado en la mitad de la selva, como una estatua en su cama sin colchón, esperando alguna ayuda. Claro, mis compañeros de trabajo están haciendo algo al respecto, pero imagino que no va a tener una solución inmediata. Situaciones así me hacen dudar del bienestar que se supone  tenemos en el país del sangrado corazón. Estaría bien si Valverde hubiera elegido esa situación, pero no es así, el está obligado, y si mal no recuerdo la democracia no es eso. En últimas creo que lo estamos obligando en nombre de la democracia, qué vergüenza.

1 comentario:

Puta se nace dijo...

Gracias por tus palabras