viernes, 20 de noviembre de 2009

en la selva del putumayo V




Al regresar a la casa de Carmen y Luis, nos encontramos con Marcela, una niña de diez y seis años que parecía rebosante de alegría a pesar de su intento de suicidio y de la enfermedad de su padre. Poco a poco comenzaron a llegar el grupo de jóvenes para grabar el video que teníamos planeado.

Eran  diez y ocho niños y niñas entre los doce y los diez y ocho años, la mayoría muy tímidos y aparentemente sumizos. Algunos me confesaron que eran o habían sido raspachines de coca, ante lo que no emití ningún juicio de valor, mucho menos al vivir sus mismas condiciones de vida. No lo aplaudo, pero tampoco lo condeno, creo que es la opción que les hemos dado al no ayudarlos como bien lo haría una sana democracia, y ellos llevarán en sus manos las huellas de eso, literalmente sus manos están casi destrozadas por el uso de químicos.

Me sorprendió que muchas de las niñas querían ser  modelos o actrices, y los niños cantantes de reggaeton. Creo que son sueños por salir rápidamente de esa situación y vivir algo que también existe, aunque de momento solo sea en la tele. Por lo menos, por ahora, siguen teniendo algo de inocencia, sin embargo no estoy seguro si eso es una ventaja o una debilidad.

Antes de caer la noche, durante los arreboles, todos se fueron a sus casas, debían caminar entre veinte minutos y media hora, y no querían hacerlo en la oscuridad por los peligros que eso supone, serpientes por un lado, y humanos por el otro . Cuando el sol de los venados cesó su magia sobre mi, yo seguía inmóvil pensando lo que ellos sabían, que vamos por un rato y nunca volvemos.

Vuelvo en un mes.