miércoles, 30 de diciembre de 2009

los relamidos balances cíclicos

Es prácticamente un ritual que al final del año creamos que somos un almacén de cadena y nos dediquemos a realizar balances, para ver qué ganamos y qué perdimos, y luego desear feliz año con la boca llenas de uvas y despertar con jaqueca el primero de enero. Personalmente esas prácticas no consiguen contagiarme del optimismo y la alegría que se guardan junto a los adornos navideños y se sacan llenos de polvo por esta época. Sí, tal vez soy del club de Scrooge y no veo comerciales de crema dental para aprender a sonreír.


Me pregunto porqué una sola vez luego de 365  y 1/4 días. Creo que nuestra relación con los ciclos depende de nuestra ubicación geográfica, las personas que no son del trópico tienen más presente el paso del tiempo pues tienen estaciones, y esto los hace mas consecuentes y los obliga a hacer planes para el futuro, pues de lo contrario morirían de hambre y frío durante el invierno. 


En cambio nuestra condición tropical nos da sol todo el año, los mangos no dejan de caer por toneladas durante todo el año, y por la misma razón las mujeres andan ligeras de ropa todo el año (sí, dios existe), ¿entonces para que preocuparse? Creo que esa es una de las razones de nuestro descuido e irresponsabilidad.


En mi caso prefiero ser mas humilde, prefiero ser cajero de tienda y hacer ajustes de cuentas a diario. El ciclo del día y la noche es ideal para tenerlo presente y vivir el presente. 


Cada día cuando despierto pienso que he vuelto de la muerte (que dicho sea de paso, no creo en ella) y me encuentro ante un nuevo día lleno de posibilidades, (sé que suena cursi pero así lo creo) y planeo lo que voy a realizar las siguientes diez y seis horas, de esta manera no olvido mis propósitos (aunque no siempre consiga concentrarme).


En la noche, antes de volver a morir, repaso la lista que hice en la mañana, y reflexiono si conseguí lo que buscaba o no, y si la forma fue adecuada o no y hago las correcciones del caso para tenerlas presentes al despertar al día siguiente. Es una forma sencilla pero eficaz de no olvidarme de lo que quiero hacer (no desear) con mi vida.


Estoy convencido que nuestras acciones del presente son las que le dan forma al futuro personal, y son un grano de arena para el futuro compartido con el resto de la humanidad, todo lo que hacemos tiene una consecuencia directamente proporcional, algo similar a la tercera ley de Newton.


Así que no son los deseos los que consiguen nuestros sueños aunque son el punto de inicio, son las acciones que llevamos a cabo día a día, cada uno sabe si son positivas o negativas, y si no estamos seguros la vida y sus consecuencias nos lo enseñan, está de nosotros aprender.


En consecuencia (!¡) no les voy a desear un feliz año, tan solo les voy a decir que el año que tengan será consecuencia de ustedes mismos y de sus acciones.


un saludo atarbán

viernes, 11 de diciembre de 2009

ella me daba besos de mariposa

Me sanó el corazón en el momento menos pensado, me dejé llevar por su ternura, a diario recuerdo su risa y sonrío con algo de nostalgia. Me daba besos de mariposa, de nimbis, de ballena. Con ella me hice hombre, entendí que ella sabía querer, pero no me fue fácil aprender, me asusté al ver lo importante que me estaba convirtiendo para su vida, y la defraudé. La verdadera tranquilidad la conocí con ella. Conservo varias de sus pinturas, una está en mi estudio. Hace ocho años nos separamos. Cada año le escribo por su cumpleaños, sabiendo de antemano que no va a responder, sin embargo este año lo hizo. No quiere saber más de mi.