jueves, 14 de enero de 2010

LA café

Los últimos quince días han sido algo incómodos para mi, si creyera en las cabañuelas estaría completamente perdido. Dejando de lado los detalles estuve enfermo, nada grave, achaques de la edad (lapidaria frase de abuelita a la que ya puedo acceder) pero nada que valga la pena mencionar .

Como no pienso hablar de mi enfermedad, porque me parece demasiado ególatra,  voy a hablar de una adicción que no pensaba  podía tener, excepto el buen sexo, no creía depender de ningún tipo de sustancias psico-activas, hasta que pasó.

La dieta varió, nada de grasas, licor, lácteos y (horror) ¡café!. La primera semana no fue difícil, me sentía tan mal, que no quería nada, odiaba todo, la segunda no lo extrañé, y aunque no lo odié, ya lo podía mirar. Para la tercera semana los bailes de seducción  y su aroma arrebatador me llevaron a pensar que siempre hemos cometido el error de darle el género equivocado, no es él, es ella... LA café.

Esa manera que tiene de mirarme a los ojos, esa danza libertina y humeante que me embelesa tanto como el sol de los venados, esa gota a punto de derramarse de la taza me obliga a apretar los dientes y levantar la ceja a lo Jaimito Bond, intentando, sin mayor éxito, latigarla con la indiferencia.

¿Alguna vez han experimentado ese temblor que se produce, cuando se está con la mujer de los sueños  por primera vez (las mujeres saben a lo que me refiero), y se intuye que algo puede comenzar a ocurrir en los próximos quince segundos? Pues así me siento yo, incluso si viene vestida con una taza de ositos, me parece despampanante, la más sexy y más buena que el pan.

En fin, ya no fumo casi, aunque un rompepechos es el mejor amigo para un trío redentor, sin embargo a LA café no la dejo, me importa un carajo lo que diga el médico, y ni hablar de descafeinada, de eso nada de nada, y mejor con un poco de whisky para que se pudra de la envidia el malévolo matasanos.

2 comentarios:

Campanula dijo...

Yo casi siempre tomaba café con leche, hace un tiempo comencé a tomar tinto, y existen instantes en los q se hace necesario, como un buen cigarrillo.
un abrazo

María Cristina Ibarra dijo...

La café como la mar. Interesante.