martes, 27 de julio de 2010

los héroes del bicentenario

Admito que no tengo mucha idea de historia, no me atrae, incluso me llega a aburrir. Y menos ahora con esto de la celebración del bicentenario. ¿Acaso tenemos algo que celebrar?, mucho menos mi país (Colombia) que no ha tenido más de cincuenta años de paz durante el tan cacareado evento a celebrar.

Otro tema que me aleja es el punto de vista del asunto. Hace muy poco me enteré que la historia del país no es como la que aprendí de los libros de texto, nuestros profesores la han maquillado a su acomodo por conveniencia, no olvidemos que la religión católica es una mafia en mi país, y durante mucho tiempo fueron ellos los encargados de la enseñanza en las escuelas. Las consecuencias son fáciles de ver, nacionalismos desfigurados por el deseo de imponer ciertas razas y credos como los únicos válidos.

Nos han ocultado a muchos héroes de nuestra historia por haber sido negros, indígenas o mujeres.  Eso me indigna, y por eso buscaré la verdadera historia, para no pasar a ser uno de esos imbéciles que celebran apasionadamente, como si fueran héroes, algo inexistente, y encontrar la dignidad perdida en los vericuetos de la glorificada historia nacional.

miércoles, 21 de julio de 2010

si lo tienes soy tuyo

El artículo de la semana pasada "un lugar para la honestidad" me dejó pensando cuáles son las características que mas llaman mi atención de una mujer. Adelanto que siempre estoy dispuesto a dejarme sorprender, no soy muy estricto en el tema, así que hice un repaso de las mujeres que han dejado su marca en mi, y con algo de método encontré los puntos comunes que  enumeraré a continuación, comenzando de afuera para adentro.

Comenzaré por el físico, ¿sería evidente decir que me gustan las bonitas?, tal vez, sin embargo no creo que eso se ajuste a los cánones de belleza del momento. El porte de una mujer al caminar es lo que primero puede llamar mi atención, no tiene que ser elegante, pero si atractiva. Nunca, quiero decir nunca he tenido una relación con una rubia (me refiero a rubias naturales, no a las platino), estuve cerca pero no se consumó (era la mejor amiga de mi novia) por mi buen (¿estúpido?) comportamiento. Tampoco he conocido pelirrojas, y es una lástima pues hay cierto fetiche al respecto. 

Más que el pelo (que es posible cortar y cambiar), me fijo en los ojos, y más allá del color que traigan, la mirada coqueta, sincera y tibia siempre será de mis afectos, eso define, en mi opinión, la belleza de los ojos. Por cierto, no he besado ojos azules (parece que las bimbos están fuera de mi alcance), pero si verdes aceituna, miel y negros.

El color de la piel me es completamente indiferente, mulatas, blancas y trigueñas, tienen el encanto de la seda y me ponen a tiritar. Tampoco me fijo mucho en el busto y las caderas (¿algo especial tendrían si llamaron mi atención, no es cierto?), aunque admito que en las piernas si me detengo, las prefiero torneadas, y me fijo mucho en los tobillos y las rodillas, en fin, no soy perfecto.

El cuello también es objetivo para mi, me gusta cuando se levantan coquetamente el pelo elevando los codos y dejan expuesta la nuca, es infalible, no hay nuca fea, y siempre saben bien. Y de los pies ni se diga ¿hay acaso una zona más erógena del cuerpo?, caigo de rodillas ante los pies en sandalias. Soy fetichista sin duda.

Ahora paso al interior, pero pasaré por alto la inteligencia, pues se me antoja demagogo hablar del tema, sólo diré al respecto que me gustan suficientemente inteligentes, y con eso me refiero también a la inteligencia emocional. Prefiero hablar de la ternura y la complicidad, sin por eso dejar de lado esa parte instintiva y salvaje que me seduce fácilmente y no tengo la menor idea de dónde está, pero que anhelo. Si eres barbie, hello kitty o fresita vas a morir en el intento.

Pensándolo cuidadosamente, llegué a la conclusión que lo que en verdad me enamora (o acelera el proceso) es el sentido del humor, y no me refiero precisamente a la facilidad para contar chistes, sino al humor repentino, de momento, de situación, a la chispa que me inflama, haciéndome notar que es una mujer endiabladamente inteligente, sexy y salvaje...si lo tienes soy tuyo.

martes, 13 de julio de 2010

un lugar para la honestidad

Nunca he sido amigo de seguir o satisfacer modelos, ya saben, la moda y babosadas por el estilo. No le encuentro mucha gracia a ir por la vida uniformadito como soldadito de plomo. Sin embargo tampoco me decanto por el extremo contrario, eso de ser el tipo diferente sin ninguna razón que lo amerite me parece igual de impotable. El típico artista con los raros peinados nuevos, que se esfuerza por brillar, se me antoja algo patético.

También tengo claro que entre gustos no hay disgustos, cada quién puede hacer de su capa un sayo y de su culo un candelero si a bien tiene, el punto es que lo haga con honestidad, eso es todo. Pero  ¿cómo entender la honestidad en este asunto?, la única solución que encuentro es dejar que el tiempo decida.

Esto me lleva a pensar en la forma en que las mujeres quieren ser vistas por éstos días, tinturas para el pelo, depilaciones, implantes, senos y nalgas adosados como si un juego de un lego se tratara, narices, pómulos y labios hechos a la medida (aunque no encajen muy bien en el rostro), en fin, ya sabemos la historia.

En el metro de Medellín tuve la oportunidad de ver a una mujer que tenía bigote, y no me refiero a unos delicados vellos, era un bigote en toda la expresión de la palabra. En un primer momento me impresionó, pensé que podía tener algún tipo de enfermedad, un desorden de la tiroides o algo por el estilo, pero después de un rato de análisis, me di cuenta que en su indumentaria era una mujer normal, con la coquetería habitual, blusa sin mangas, pantalón ajustado, bellos zapatos de tacón alto, aretes, anillos y todo lo demás. Incluso, mirando detalladamente su bigote (intenté que no notara mis ojos curiosos para no molestarla),  pude ver que estaba perfectamente cortado y cuidado. Por respeto dejé de mirarla y no pude menos que admirarla, pues definitivamente tenía una fuerza extraordinaria, era el ejemplo del libre desarrollo de la personalidad en toda su expresión, y más aun en una ciudad como Medellín, donde los niveles de vanidad femenina son despreciablemente altos.

Es curioso, pero recuerdo tan solo a unas pocas mujeres en el viaje a esa cuidad, todas hermosas, e incluyo a la mujer del bigote.

martes, 6 de julio de 2010

por lo bajo

Para cambiar un poco de aire decidí pasar la semana en la ciudad de Medellín, pues me interesaba asistir al tercer congreso iberoamericano de cultura. Decidí irme por lo bajo, pues no tengo familiares ni amigos en la ciudad, así que reservé en un hotel sencillo y me di a la fuga.

Siempre he apreciado el clima del lugar, no por nada dicen que es la eterna primavera, mis pulmones delicados siempre lo agradecen, a pesar de la lluvia nocturna que fue un arrullo sorpresivo pero bendito.

En esta ocasión las mujeres estuvieron mas afables conmigo que en anteriores visitas, me pregunto si sería la greña, o las chaquetas de lino y mis botas de ante azul las culpables del agradable cambio de actitud. De cualquier manera eran muy bellas quienes decidieron endosarme algunas sonrisas seseadas.

Quienes conozcan la ciudad tal vez me crean loco, pero decidí alejarme del poblado, laureles y demás zonas aburridas, para dedicarme a vivir el centro y sus estupendas construcciones llenas de buen gusto (aunque un poco maltrechas) que me transportaban de inmediato en el tiempo: el palacio de la cultura, el museo, parque berrío, la plaza botero,  el palacio nacional (el más bello centro comercial que haya visto en años, además de no tener ninguna Mc Franquicia) carabobo, junín, la alpujarra, el ferrocarril...

A pesar de los helicópteros artillados que revoloteaban como moscardones con su panza llena de malas ideas, y de algunos de los habitantes de la ciudad que al reconocerme como foráneo (es extraño, pero en muchas partes de mi país creen que soy extranjero) se apresuraban a decirme que no me preocupara por la seguridad, pues las convivir y otras agrupaciones (hablaban de ellas con orgullo patrio) vigilaban la ciudad en el beneficio de los ciudadanos y visitantes, me sentí tranquilo.