lunes, 25 de octubre de 2010

de nuevo los arrullos selvajes

Hace un año recorrí estos caminos que no han cambiado tanto, siguen llenos de polvo y piedras reventadas por el sol canicular y las insospechadas tormentas nocturnas que hacen temer hasta que te acostumbras y terminas agradeciendo su arrullo selvaje. Los niños han crecido, y los adolescentes son adultos, algunos se fueron en busca de una vida menos dura mientras otros bailan con el diablo, no los juzgo, no los culpo, aun así me sorprende al punto de la lágrima encontrarme con corazones incorruptos llenos de bondad y una equilibrada idea de la justicia, las dificultades del entorno moldean el espíritu, no hay duda.

martes, 19 de octubre de 2010

¿de dónde eres?

Es fácil encontrarse ante la pregunta ¿de dónde eres?, la cual contestamos casi de forma automática refiriendo nuestro lugar de origen (geográficamente hablando). Aunque salimos del asunto con facilidad y rapidez, me parece que la mayoría de las veces eso no dice mucho de cada uno de nosotros.

Siempre me he preguntado porqué nacimos donde nacimos, las respuestas no son muchas pero si muy amplias, y ninguna certificable contra el método científico de occidente. Si crecemos en ese lugar obtenemos como valor agregado el idioma y las costumbres que más adelante, cuando seamos adultos, nos identificarán ante los habitantes del resto del planeta azul.

Por ejemplo, si ocurre que por suerte desarrollas tu vida en Suecia, Dinamarca, Noruega o algún nevado país escandinavo, el resto del planeta confiará en ti, y te permitirá entrar a 124 países sin visa; pero si ocurre que naces en un bello paraíso como Colombia, es posible que la mayoría del resto del planeta te cierre la puerta y solamente 18 países permitan que ingreses sin visa. No puedo quitarles la razón, es evidente que las personas con el pasaporte rojo sangre causan más problemas que los escandinavos, las cifras no mienten.

Como habrán notado no me incluí entre los portadores del documento en cuestión, no me pueden incluir en los indicadores y las cifras que me obligan a ser parte de los ruines que nunca quise ser, pero el asunto no cambia por eso, sigo siendo un sudaca, paria y apartado del mal llamado primer mundo.

Hay muchas razones que no me hacen sentir colombiano: cumplo las normas, no me aprovecho de los demás, no busco la trampa como símbolo de inteligencia ni me creo con coeficiente superior por tener éxito en su búsqueda, no me acostumbro a las malas condiciones de vida, no soy racista ni beato, no auspicio la monarquía política, no irrespeto a la gente en la calle (ni en otra parte), no tengo la lengua sucia de lamer culos (odio la halitosis), no hago posgrados ni maestrías para poder ocupar cargos públicos... entre otras cosas.

A pesar de todo surge una inquietud, ¿Qué debería responder cuando me preguntan de dónde soy?

lunes, 11 de octubre de 2010

de lo construido en el tiempo

No deja de sorprenderme la velocidad de la vida, en mi infancia algo era viejo cuando tenía quince o veinte años, ahora ese guarismo se ha reducido a dos años y sigue disminuyendo. No hace mucho me enteré que algo se considera antigüedad cuando supera los cincuenta años, lo que indica que la mayoría de nosotros será una antigüedad en algún momento de nuestra vida. Imagino que para muchas personas eso es motivo de sufrimiento, pero yo la verdad no sé que pensar.

Una frase habitual de la cotidianidad es "todo se acaba", y con esa expresión justificamos la desaparición de los objetos que desaparecen de nuestras vidas, incluso ponemos al mismo nivel las relaciones con las personas que alguna vez amamos y nos amaron, e intentamos seguir adelante. No termina de convencerme esa forma de actuar.

Quiero aclarar, por si acaso surge la perspicacia, que no hablo del desapego, el tema aquí es la construcción de la vida y con ella de los recuerdos. Entiendo que es buenos dejar ciertas cosas, personas, lugares y situaciones, pero eso es diferente a estar cambiando sin ton ni son de cosas, personas, lugares y situaciones, creyendo que la fórmula mágica de la felicidad es el cambio per se.

Mis listados no son extensos, me alcanzan los dedos de mis manos para enumerar a mis novias, mis guitarras, mis trabajos, mis apartamentos (donde he vivido), mis viajes, mis necesidades, pero si sumo todo lo anterior tengo como resultado mi vida, con errores y aciertos. Y eso suma más de dos años, y además no es posible deshacerme de ello, aunque quisiera (que no es el caso).

No todo en la vida es el afán.

lunes, 4 de octubre de 2010

el beneficio de la duda

El comportamiento del ser humano en la sociedad siempre dará de que hablar. Aunque soy de los sabineros a los que las moralinas hacen vomitar, me resulta difícil apartarme de la observación de mis congéneres, ya sean cercanos o no (ahora el mundo es tan pequeño con tanto medio de comunicación). Revisando un poco el listado de personas con las que he tenido que trabajar he notado algunas cosas.

En primer lugar veo que no es fácil decidir con quien trabajar, simplemente el azar (¿?) te lleva por ciertos caminos en los que coincidimos, y eso hace que te lleves algunas gratas sorpresas o grandes desilusiones en la mayoría de los casos. Desde hace tiempo estoy convencido que en todas las situaciones se aprende algo, sin embargo mi mente idealista se ha estrellado en la mayoría de los casos, pues he aprendido mas de los errores de los demás que de sus aciertos, lo que me hace dudar de la educación de la sociedad.

En segundo lugar he notado que la mayoría de las personas de las que he aprendido por sus errores eran, han sido, o siguen siendo idealistas. Lo que me hace dudar de mi idealismo.

En tercer lugar no puedo pasar por alto que esas personas que cometen errores de los que aprendo y son o fueron alguna vez idealistas, dejan de serlo cuando están en un momento de presión, verbigracia problemas de dinero, convirtiéndose entonces  en avaros o corruptos personajes, que luego intentan justificar su acción comparándose con las personas que, alguna vez, nunca quisieron ser. Lo que me hace dudar de las buenas intenciones.

Y ahora que me veo rodeado de tanto idealista sin vocación, me gustaría encontrar un camino, por tortuoso que fuera, para estar seguro que no terminaré como ellos.