lunes, 11 de octubre de 2010

de lo construido en el tiempo

No deja de sorprenderme la velocidad de la vida, en mi infancia algo era viejo cuando tenía quince o veinte años, ahora ese guarismo se ha reducido a dos años y sigue disminuyendo. No hace mucho me enteré que algo se considera antigüedad cuando supera los cincuenta años, lo que indica que la mayoría de nosotros será una antigüedad en algún momento de nuestra vida. Imagino que para muchas personas eso es motivo de sufrimiento, pero yo la verdad no sé que pensar.

Una frase habitual de la cotidianidad es "todo se acaba", y con esa expresión justificamos la desaparición de los objetos que desaparecen de nuestras vidas, incluso ponemos al mismo nivel las relaciones con las personas que alguna vez amamos y nos amaron, e intentamos seguir adelante. No termina de convencerme esa forma de actuar.

Quiero aclarar, por si acaso surge la perspicacia, que no hablo del desapego, el tema aquí es la construcción de la vida y con ella de los recuerdos. Entiendo que es buenos dejar ciertas cosas, personas, lugares y situaciones, pero eso es diferente a estar cambiando sin ton ni son de cosas, personas, lugares y situaciones, creyendo que la fórmula mágica de la felicidad es el cambio per se.

Mis listados no son extensos, me alcanzan los dedos de mis manos para enumerar a mis novias, mis guitarras, mis trabajos, mis apartamentos (donde he vivido), mis viajes, mis necesidades, pero si sumo todo lo anterior tengo como resultado mi vida, con errores y aciertos. Y eso suma más de dos años, y además no es posible deshacerme de ello, aunque quisiera (que no es el caso).

No todo en la vida es el afán.

2 comentarios:

Campanula dijo...

En total acuerdo, gracioso lo de ser una antigüedad, supongo entonces que como las antigüedades no valorizamos, no?
un abrazo

Gabriel Cruz dijo...

Buena reflexión, supongo que de ahí vienen esas crisis de cada década, como una forma dosificada de ir aceptando la realidad de que nos vamos haciendo viejos y acumulando dolores y alegrías :(