martes, 1 de febrero de 2011

figuras paternas

Recientemente, por razones personales, he pensado en la función del padre en el hogar, decidí dejar aparte mi propia experiencia al respecto para intentar abordar el tema de una manera objetiva, así que decidí poner la lupa  sobre los padres de las mujeres que he amado.

El primero era un escritor conocido en diminutos círculos de intelectuales, ella por ende decía tener una seria inclinación por las letras. Cuando la conocí odiaba a su padre (eso decía), no vivían juntos desde que ella tenía ocho años, discutían continuamente (tal vez mas ella que el). En una ocasión pasamos un fina de semana juntos en una casa de campo, para mi sorpresa no hablaron mucho de libros, ella lo culpaba por haberla dejado cuando era una niña, creo que nunca superó la separación obligada de su ídolo.

El segundo vendía seguros, era muy callado, también había dejado a sus hijas antes de que cumplieran diez años, ella lo quería profundamente pero no entendía porqué su relación era tan fría. Cuando almorzábamos juntos él la trataba casi como a uno de sus clientes, entre los largos silencios le preguntaba cómo iba todo, no recuerdo que la haya acariciado, le decía hija y muy poco la llamaba por su nombre. Después de esas citas ella sentía una mezcla extraña de tristeza y alegría.

Al tercero no lo conocí, murió poco tiempo antes que la viera por primera vez, ella lo sigue adorando, lo recuerda con cariño cada vez que intenta peinarse su pelo rebelde, pero sonríe pues lo heredó de él, siente culpa pues no pudo estar a su lado el tiempo suficiente antes que se fuera; en ocasiones despierta con una sonrisa y me dice que lo soñó, con cierta frecuencia se encuentran en los sueños y charlan, ella le pide consejo y el responde, él sigue siendo su sueño.

1 comentario:

Piantada dijo...

Quizás de alguna manera, las mujeres tendemos a idealizar la figura paterna.
Y de igual manera terminamos odiandolos...

Nadie es perfecto, y a veces creemos que odiarlos lograremos que sean mejores personas o no.

Mi padre y mi vida... dicotomía, amor y odio.

... pero siempre gana el amor, aunque no te des cuenta