viernes, 25 de marzo de 2011

ella tenía un lunar en la frente

Recuerdo claramente la primera vez que he visto a las mujeres que han hecho parte de mi vida, mi memoria trae a colación cómo estaban vestidas y peinadas, incluso la mirada y sonrisa que traían puestas ese día, pero con ella no fue así. Corría con prontitud febrero de 1990, yo llevaba un año en la universidad y ella apenas llegaba, por fortuna, a una carrera donde por alguna extraña razón no había mujeres bellas. Me dejó atónito desde el primer momento en que la vi, siempre he creído que fue mutuo, nunca pude cruzar una palabra con ella, me dejaba literalmente mudo, mis amigos se burlaban de mi actitud, alguna vez uno de ellos, creyendo que me ayudaba, pues el gusto mutuo se percibía, me arrastró para que le hablara y lo único que torpemente pude espetar fue "perdóname ti" tras lo cual quedé de nuevo mudo y muy avergonzado. Pasaron los años y sólo nos mirábamos, creo que a ella le gustaba mi timidez mas que yo, la vi cambiar, su novio siempre me veía con ojos de navaja, él le enseñó la cocaína, cuando lo supe entristecí. Años después nos volvimos a encontrar en una cafetería de lujo donde mi novia de ese entonces era mesera, estaba con otro novio, lloraba y discutía con el, cuando me vio sonrió un poco y me siguió con la mirada mientras yo ,congelado, bajaba la mía, no cruzamos palabra. No la he visto nunca más, hace un par de años me enteré por la amiga de una amiga, que había recorrido el mundo y ahora daba clases de yoga, dejando de lado la carrera. Hace poco pasé por el frente de la que fue su casa cuando fuimos estudiantes, detuve mi motocicleta por un momento y la memoria de las emociones volvió, pero un poco mas triste. Recuerdo que ella tenía un lunar en la frente.

martes, 22 de marzo de 2011

"el tambor del revólver"


La nueva canción de los atarbanes:




EL TAMBOR DEL REVÓLVER






hay que correr después del golpe
vas a esconder todos los fierros
sabes fundir balas marcadas
tu no eres mas que un lava perros


vives de ahogar llanto de otros
y simular sonrisas rotas
puedes vivir quitando aire
y sumergir tus sueños rotos


el tambor del revólver vuelve a girar
como una ruleta y no va a parar
tiemblas en la noche al recordar
ojos que suplican no llorarás


tu siempre vas tan camuflado
nadie te ve cuando le hablas
obedecer sin pensar nada
otros secuaz más del ganado


y nada importa mas que el dinero
tiene poder el tuerto y ciego
saber perder no está en tu juego
tu no eres mas que un lavaperros



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lunes, 14 de marzo de 2011

vuelvo a comenzar: tabula rasa

No tengo un método específico para escribir canciones, aunque siempre tengo a mano una libreta de apuntes, la mayoría de las veces esos versos nunca terminan siendo parte de las canciones, en su lugar quedan palabras que voy dejando salir sin pensar mucho, mejor sería decir sintiéndolas mucho.

Eso fue lo que pasó con "vuelvo a comenzar" la canción que publicamos con los atarbanes el año pasado, el texto salió tan rápido como un suspiro, de una sola vez, como dictada, y me gustó así. Nunca pensé que esa canción sería un adelanto de mi vida (aunque en ese momento no tenía la menor idea del asunto), es curioso ver como el sincronismo va conectando los cables sueltos de mi porvenir... juegos del destino, supongo.

Hace quince días nació mi hija, ella fue una sorpresa que no esperaba, siempre me vi como un lobo estepario aullando solo a la luna. Aunque confieso que llevo meses planeando mi nueva vida como padre inexperto, no puedo negar que el momento de tenerla por primera vez en mis brazos me conmovió hasta un punto tan profundo de mi espíritu que no conocía, aun no despierto, verla dormir es la mejor forma de silencio que pueda describir.

En este momento pienso que no hay planes que valgan, parece que la idea de vida que tenía ha sido borrada de una sola vez, tabula rasa sin nada que deber, no veo claro mi futuro, sin embargo siento una profunda emoción y percibo mucha diversión por delante. No siento miedo, pero si algo de inquietud, el mismo cosquilleo nervioso que sentía en el estomago cuando esperaba el disparo de partida en una de mis competencias de nadador cuando era adolescente, recuerdo que los nervios se desvanecían cuando tocaba el agua y comenzaba a nadar sin pensar en nada, aprendí que no se trataba de ganar, tan solo de nadar.

El momento se repite, me lanzo a un agua que seguramente será purificadora, la vida se presenta plena, y vuelvo a comenzar.