sábado, 2 de abril de 2011

el río del olvido

Cada vez me convenzo mas de que la vida es un juego similar a un laberinto hecho de árboles (como en el resplandor) al que se entra con los ojos vendados; a veces frío, a veces caliente, a veces sientes el sol en la frente y  confías en la luz, a veces oyes a los búhos y sientes temor. Las ramas de los árboles te rasguñan o acarician (depende de cómo lo tomes), puedes encontrar un lugar placentero y quedarte ahí creyendo que es lo ideal y te adormeces creyendo que has llegado triunfante al final, pero puede faltar un gran trecho en el camino.

Algunos escogen el mismo laberinto y chocas con ellos por los angostos pasajes, cuando corres con suerte te encuentras de frente a una guapa mujer que camina con los brazos levantados (cual sonámbula) y terminas en un dulce abrazo, y si tienes aún más suerte el abrazo se extiende a un momento de amor en un garaje, (es mejor no confundir esos encuentros con amor), sin embargo también te encontrarás con personajes que vayan en pie de guerra con los puños en alto (consecuencias del temor).

Alguna vez me dijeron que al momento de iniciar una nueva encarnación cruzamos el río del olvido y entramos en esta especie de sueño que es la vida, olvidando lo que habíamos sido en anteriores vidas, pero con la ventaja de recordar lo aprendido (¿el talento?), para no estar comenzando eternamente sin la posibilidad de un final. Incluso me dijeron que la suave hendidura que tenemos en el medio del labio superior (y en ocasiones la barbilla partida) es consecuencia de un ángel que pone su dedo en señal de silencio (el río del olvido) para comenzar una nueva etapa del juego.

La vida es un juego de la conciencia, es la conclusión que encuentro en este punto del laberinto.

No hay comentarios: