martes, 14 de junio de 2011

El movimiento de las alas (1997)

Mi espíritu es como la marea. Su inconstancia me agobia. No lo consigo, siempre termino vencido. Parece que siempre anduviese sobre los mismos pasos; huellas que no quiero dejar borrar. Es absurdo pensar en avanzar, no se puede avanzar cuando sólo se levantan los pies simulando caminar.

Lo interesante de la repetición, es que cada vez es mejor. Las olas se repiten hasta ser inmensas (aunque siempre mueren en la playa), eso es avanzar. ¿Vale la pena?

A veces todo es un circulo, y se avanza para llegar donde comenzó, ¿cómo hacer para romperlo?. Angulos como cuchillos que revientan un globo. Ser radical es difícil, implica una gran disciplina. Una gran voluntad. Implica ser capaz. Implica avanzar, o por lo menos arriesgarse: el riesgo es la fe.

Es una canica que rueda, sin saber si hay calles, paredes o alcantarillas en su camino. Creo que voy por una alcantarilla, y veo un poco de luz cada tantos metros a través de una rejilla, ¿castigo o recompensa?

Rodar, romper el circulo y formar una espiral. No importa si es hacia arriba o hacia abajo. Es igual. El todo está en romper el circulo.

Al agitar las alas, al repetir su movimiento, se consigue volar, para salir de aquí, para arriesgarse a demostrar que se puede romper el circulo para merecer el avance. Es cuestión de merecerlo. Es cuestión de esfuerzo; de esfuerzo grato, esperado, tal vez sin recompensa... pero eso qué importa. ¿Hay una mejor idea?, ¿hay algo mejor que hacer?, tal vez, pero aun no es tiempo.

Julio 13 de 1997

martes, 7 de junio de 2011

alguien mas entre el público

Los últimos tres meses han sido los primeros del resto de mi vida, el cambio ha sido evidente y glorioso, incluso he tenido la oportunidad de volver a mi infancia y re-visitarla (como diría el buen Dylan), aquel niño que se sentaba por horas a escuchar discos infantiles ha regresado.

¿La razón? R. mi hija. Ante mi inexperiencia como padre he recurrido a mis gustos como niño, el resultado no puede ser mejor, ante mis cantos, muecas y bailes me premian con sonrisas sin dientes... no hay nada mejor.

Ahora me siento al piano para aprender esas canciones que hacían de mi infancia un baile, para así tenerlas aprendidas cuando R. las pueda cantar conmigo. También estoy recordando cómo dibujar conejos, tigres, elefantes, leones y ballenas, ya pintaremos las paredes como es debido, con crayolas.

Por éstos días hay alguien más entre el público, además del gato.

miércoles, 1 de junio de 2011

de la arrogancia deportiva ¿existen medallas de plata?

El sábado pasé la tarde en casa de unos amigos, la idea era almorzar y charlar un rato, sin embargo todo cambió cuando Víctor (el chef) solicitó un televisor para ver la final de la copa europea de fútbol, ya no recuerdo los nombres de los equipos en cuestión (de cualquier manera a nadie le va a importar en poco tiempo), tan solo que el partido (o lo que vi de el) no me pareció una exposición de gran fútbol, controversias aparte.

La parte interesante y dramática surgió cuando a los subcampeones (ingleses, si mal no recuerdo) les impusieron las medallas de plata y yo, que no había comentado en demasía, dije tranquilamente: "una medalla de plata no se exhibe, se quita", acto seguido los futbolistas se quitaron la presea de plata recién impuesta, hicieron mala cara y se largaron, sonreí levemente por la comprensión del acto, pero las cinco personas restantes que observaban el evento se sintieron ofendidas, reclamando por la mala actitud de los deportistas.

Intenté exponer mi punto de vista, pues yo no encontraba demasiada grosería en la situación; en este momento debo recordar que fui deportista de competencia por diez años de mi vida, desde los siete a los diez y ocho años, y siempre que ganaba medallas me las quitaba recién bajaba del podio, no importaba si eran de oro (¡simulación claro está!), plata o bronce, de cierta manera me avergonzaba verme como un árbol de navidad, y era una reacción común entre los competidores, pues parece que las medallas daban más orgullo a los padres que a nosotros.

Volviendo al almuerzo del sábado me encontré con que los pasivos espectadores seguían ofendidos e incluso molestos con mi explicación de la actitud de los ingleses, no aceptaron que nadie quiere ser subcampeón, incluso los hinchas del equipo perdedor se habían retirado del lugar sin haber terminado la ceremonia, aun así seguían discutiendo mi deportivo punto de vista.

Para finalizar tamaña tontería, decidí zanjar la cuestión haciendo una pregunta fundamental -¿cuántos de ustedes han competido en un escenario deportivo atestado de gente por alguna vez en la vida?- como lo supuse, la respuesta fue el silencio del personal, ante lo que terminé diciendo -los que sí hemos sudado en una competencia, después de meses de sacrificio, sabemos que sólo existen las medallas de oro, las demás son para perdedores, no es de talante deportivo querer la plata, siempre el oro, por absurdo que parezca-, acto seguido cambiaron el tema y apagaron el televisor.