martes, 26 de julio de 2011

la respuesta es más democracia

Ya he dicho en repetidas ocasiones que para mi la vida es un juego de adivinanzas, pero ¿funciona igual cuando  es la sociedad la que debe tomar las decisiones?. La idea de que la sociedad funcione como un solo ente holístico me parece acertada, pues es una solución resultado de la observación de la naturaleza, no del raciocinio humano, tan egoísta y proclive al error.

Los hechos sucedidos en Oslo y la isla de Utoya el viernes pasado, me hacen comparar la situación, si pienso que desde hace un tiempo me llaman la atención los países escandinavos por su avance y alta calidad de vida, en relación a mi país que se desangra lentamente, veo en Noruega a un país con una larga existencia (no precisamente los 200 años del mío, lo que nos convierte en unos niños frente a los noruegos) en la que han pasado por la violencia propia de la adolescencia hasta llegar a lo que son hoy en día.

El protagonista de la masacre es un joven que pareciera haber salido de la edad media, (debo dejar en claro que en ese momento la humanidad pensaba de tal manera que tal vez lo hubiese convertido en héroe), y dice no sentir culpa por el desastre que cometió. El país está atónito ante la situación, el mundo está atónito porque sucedió nada menos que en Noruega (¿qué podemos esperar entonces de nuestros países?).

No pienso juzgar al asesino ni al país, tan sólo me queda muy claro que los seres humanos somos muy torpes a pesar de la educación y ventajas que suponemos tener frente a otros que no las tienen. Me queda en la memoria el comentario que hizo un alto representante del país (lo traigo de la memoria, no es una cita) ante la situación no vamos a responder con ingenuidad, lo haremos con más democracia, bella respuesta.

miércoles, 20 de julio de 2011

el regreso de la diva

Esta vez no pasaron diez años para volverla a ver, hace tan tan solo dos escribía de ella, ayer nos vimos y fue como soltar el botón de pausa en un control remoto, todo seguía como si nos hubiésemos dejado de ver por un par de días.

Nos pusimos al tanto de nuestras vidas con la habitual honestidad brutal que nos caracteriza, y decidimos caminar por mi destrozada ciudad al coctel a donde había sido invitado, y aprovechando mi nueva soltería ¿qué mejor que ir con mi mejor amiga, la diva?).

Todo fue como veinte años atrás cuando nos conocimos, apenas dejando el portal de mi edifico, José (un amigo habitante de la calle), me preguntó quién era ella pues parecía una barbie, una amiga -respondí- aunque tiene cara de cansancio, comentario que me agradeció con un -no ha dejado de ser un hideputa, por fortuna, lleva dos años sin verme y es lo mejor que me dice- mientras sonreía. Sin duda el ser morena, espigada, llevar botas sin medias hasta la rodilla y la falda por encima de la misma han causado (y lo seguirán haciendo) estragos en Bogotá y en París (donde vive).

En el coctel nos divertimos de lo lindo, ella cazando con la mirada a los meseros, consiguiendo que nunca dejaran vacío su vaso de whisky, mientras cientos de fulanos que pasaban por su lado no dejaban de mirarla (tristes donjuanes sin vocación) e incluso saludarla, creyendo que ella caería en tan simple trampa; yo por mi parte me distraía con uno de mis juegos favoritos, coquetear con la mirada y (gracias a Dios) ser correspondido.

Ella me daba ánimos con mi flirteo, mientras criticábamos la moda, el mal gusto y la arrogancia de los colombianos arribistas, ella estaba decepcionada porque no había hombres guapos entre el personal, excepto yo (claro está), pero nunca nos hemos fijado en el otro de esa manera, no hemos tenido sexo, ni siquiera besos  apasionados, de hecho nos saludamos levantando un poco la quijada como gángsters de película.

La sorpresa llegó cuando una hermosa mujer (debería decir niña, pues no creo que superara los 17 años) me mantuvo la mirada e incluso esbozó una sonrisa perfecta, la diva se volteó y mirándome a los ojos me dijo que si perdía esa oportunidad era un tarado... y fui un tarado, alegué a mi favor que la distancia de edades era demasiada y yo siempre seré un caballero, a pesar de que midiera 1.80, tuviera unas piernas perfectas como columnas griegas que sostenían un templo perfecto, unos ojos demoledores y una sonrisa arrasadora. Sigue siendo un caballero... y un tarado -espetó con dulzura de madre-.

La diva está en la casa damas y caballeros.

martes, 12 de julio de 2011

la noche de san juan

Me pregunto qué está pasando, o si soy el único que lo nota, pero me parece que el universo de los blogs  no está en expansión, sino todo lo contrario, se me antoja que en los últimos meses la publicación ha disminuido drásticamente, ya no es tan sencillo encontrarme con los pensamientos, anécdotas, poemas y letras de quienes considero mis amigos, y confieso que me hace falta.

Espero que no hayan huido para hacer parte de los 140 caracteres tiranos del twitter, que nos ha dejado en medio de una cacofonía non grata, en mi humilde opinión, a veces conviene ser reposado.

Se me ocurre que la noche de San Juan ha hecho de las suyas por más tiempo de lo normal, en mi vida se han visto las consecuencias, espero que no sea así con los demás, tal vez las ocupaciones claman su tiempo y dedicación, tal vez el tedio los separe del teclado, tal vez yo esté equivocado.

lunes, 4 de julio de 2011

el pactolo y la alquimia del espíritu

El hombre, específicamente el hombre (no la mujer), ha intentado por centurias convertir en oro los metales menos nobles, sin conseguirlo; por éstos días ha encontrado una solución más sencilla que es emitir billetes sin ningún valor y reventar la bolsa, pero ese es otro tema.

En esa búsqueda casi muere de hambre el único ser humano que podía convertir en oro todo lo que su mano alcanzaba, Midas comete el gran error de ser avaro, y más aun cuando le pide al más borracho de los dioses, Dionisio, para que le otorgue el preciado poder. Poco tiempo después y para no morir, Midas tuvo que bañarse en el río Pactolo purificando así su error.

En mi opinión, la alquimia se refiere al cambio y ennoblecimiento del alma (para así ser digna del espíritu), por eso vivimos en éste laberinto diseñado por nosotros mismos que llamamos vida (¿Pactolo?), golpe a golpe vamos aprendiendo y si cambiamos de corazón, nuestra aura se vuelve más luminosa sin romper el cordón de plata y conseguir la tan ansiada transmutación, no de cualquier metal en oro, sino de torpes almas en nobles espíritus.

Sin embargo el asunto es largo.