lunes, 30 de abril de 2012

estornudos contenidos

Si hay algo que me guste en las mujeres es la espontaneidad. La generosidad en las sonrisas y el estrépito de una carcajada, vuelan directamente a ciertas zonas que me emocionan sin más. De eso a enamorarme hay un paso que se supera con el galanteo y la coquetería propias de la situación, bellos momentos.

Debo incluir aquí otro acto cotidiano que prefiero en su espontaneidad, el estornudo. ¿Acaso no es cierto que reconocemos el estornudo de "ella" al igual que su risa?, en mi opinión es parte del encanto, un estornudo honesto y estrepitoso es tan seductor como aquella sonrisa de ojos entrecerrados luego de un par de copas de vino, mientras sube y baja la mirada de mis labios a los ojos. Bellos momentos.

Por las razones arriba expuestas debo confesar que soy por completo intolerante a los estornudos contenidos, esos llamados "de buena educación", los que apenas consiguen que el mechón de la frente se balancee suavemente y no emiten sonido alguno. En mi opinión, la onomatopeya del estornudo es achú, y la del beso muac... aunque en éste caso también hay otras muy agradables.

Así que cada vez que tengo la no muy grata oportunidad de presenciar a una de estas damiselas, tan correctas "educadas" y bienpensantes, justo en el momento en que se llevan con esmero el dedo índice debajo de la nariz, pienso que estoy próximo a encontrarme ante una escena dantesca, donde, ante la imposibilidad de encontrar una buena salida, la presión del aire conseguirá que el coco, la maseta o en buen castellano la cabeza de la susodicha, explote inmisericordemente, dejando el lugar lleno de restos de ojos, dientes, mocos y, en el mejor de los casos, materia gris esparcidos por doquier. Habitualmente me tiro al piso, por si acaso...

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