domingo, 27 de mayo de 2012

el grito del domingo

Me gusta estar callado, me hace parecer doblemente inteligente. Además el silencio genera esa suerte de misterio (ya sea verdadero, ya sea falso) que le gusta a las mujeres que me gustan, y eso no está nada mal. Tímido no soy, o digamos que cada vez lo soy menos, prefiero ser reservado, o por lo menos me gusta actuarlo.

El último año la vida ha dejado ver su generosidad en el momento menos apropiado... como siempre. Llegar a casa es sinónimo de silencio budista. Si le funcionó a Leonard Cohen tal vez a mi también. Antes me dedicaba a abrir la boca generosamente ladrando para los atarbanes. Sin embargo el giro dramático de primer acto de mi vida, las nuevas responsabilidades y la nueva situación han hecho que deba dejar de lado, temporalmente, mi labor de cantante.

Los domingos son los más extraños. Aunque tengo televisor ya no tengo televisión, cancelé mi suscripción al comienzo del año para poder dedicarme a la escritura y al trabajo como es debido. Para mi sorpresa no la extraño. Así que me levanto el séptimo día entre seis y siete de la mañana (si, es el día para dormir tarde) y me dedico a lecturas atípicas como el Ulises de Joyce. En buena medida lo leo en voz alta, tiene más gracia, en ese momento me doy cuenta que estoy aquí, en el 1402, y me extraño al oírme. De vez en cuando alguien me saluda en el chat y aprovecho para "hablar y gritar" un poco.

1 comentario:

Gabriel Cruz dijo...

Y vaya que la vida le ha dado una vuelta drástica mi estimado Moscardón, pero entiendo que a veces no se puede seguir el camino de siempre, sólo procura no dejar el canto que es una actividad que entiendo te agrada mucho.
No tiene nada de malo el dejar el televisor, y gran medida ha sido que la reemplace la buena lectura y escritura, va buena vibra para que los proyectos que tienes en mente, vayan saliendo con el mejor de los éxitos :D