martes, 8 de mayo de 2012

vos sos una mala influencia

Acepto que la vida gangsteril tiene un misterioso encanto para mi. Me refiero a la de las películas, porque la de la vida real me parece cursi en exceso. La escena de Tener y no tener donde Lauren Bacall le dice a Humphrey Bogarth (su futuro esposo) que tan solo silbe si la necesita es, en mi opinión, de una dulzura tan sexy que roza con gracia la pornografía soñada. El porte, la mirada, la ceja arrogante, la sonrisa endiablada lo suficientemente despectiva como para convertirse en un reto, hacen despertar en mí el deseo de que alguna guapa quiera ensayar conmigo esa escena.

Pues los sueños se hacen realidad, cuando les da la gana. Para mi fortuna la guapa existe. Para mi desmesura no tiene nada que envidiar a la Bacall. Alta, sinuosa, curvilínea, dueña de una belleza propia de la década de los 50, Betty Page, Elizabeth Taylor, Sofía Loren son del mismo tipo. No exagero. La mirada arrogante, la nariz perfecta, la boca porno soñada, adornada con un provocativo lunar sobre el labio, el cuello digno de ser mordido mil veces por un pálido vampiro de sangre azul, ¿he dicho alguna vez que un cuello perfecto que desemboque en unos hombros con linea de Studebaker me desarman? El busto, el torso y la cintura (que alguna vez se vio estropeada por un accidente serio de columna, según me confesó) son como el Studebaker en marcha, arrolladores. La cadera y las piernas son heredadas de ancestro negro, aunque sea blanca de porte, es negra de familia. En resumen es un encanto.

Pero no todo es perfecto, y eso hace que sea mejor. Nos hemos hecho confidentes. Los dos sabemos que lo hacemos porque buscamos descifrarnos mutuamente. Ambos nos sabemos infieles, inseguros e inestables, amantes del movimiento que únicamente se encuentra en el desequilibrio. Esos caminos habitualmente no tienen buen final, lo sabemos, y en el fondo queremos cambiar el final de la película. El riesgo siempre es elegido, siempre valdrá la pena.

Hace unos días, cuando acabó la clase, le pregunté si quería... no me dejó terminar la frase mientras que su mano izquierda jugaba con un mechón de mi pelo que llega a los hombros, con la derecha su dedo índice me señalaba como un revólver buscando su objetivo y sus labios enmarcando una sonrisa pícara gesticulaban sin emitir sonido alguno: "vos sos una mala influencia", en un caleño perfecto.

Puedes morir tranquila Lauren, tu reemplazo ya llegó, Bogarth confía en mi plenamente, la escena se repitió, ya veremos si sucede lo mismo con el final a pesar de que la época ha hecho degenerar a los gangsters en palurdos lavaperros de gatillo fácil.

Sí, estoy asustado.

1 comentario:

Claudia Echeverry dijo...

Te asusta, porque te gusta :P