lunes, 20 de agosto de 2012

la maldición de las hamburguesas

No soy vegetariano ni lo he sido, pero me gustaría serlo. Más allá del tema espiritual lo quiero ser por tener buena salud. A mi edad la intolerancia comienza a crecer, por desgracia. Intolerancia a los lácteos, a las bebidas fermentadas, a las grasas, al café sin haber desayunado, en fin. No es una decisión, es una obligación. Ya no se es el que se fue, y no se ha sido el que se quiso ser, pffff.

No soy amigo de las comidas rápidas y multinacionales, me saben a cartón. Excepto, tal vez, en Argentina. Recuerdo un documental donde un hombre que ha llevado una vida alimenticia sana decide comer en el restaurante del payaso pelirrojo durante un mes para ver que pasa (y de paso tener un buen documental que vender). Treinta días después el héroe documentalista ha enfermado en un par de ocasiones, su metabolismo se ha alterado seriamente y tendrá secuelas en los próximos diez años de su vida. Nos hace saber que las ensaladas del payaso asesino (como lo llamarían los redondos de ricota) tienen más contenido graso que las mismísimas hamburguesas, debido a la salsa que las acompaña.

Hace un par de semanas un profesor de la maestría nos pidió que imagináramos una hamburguesa. La describió, pan, carne, queso... antes de que terminara yo agregué: y rubia. Noté varias risas entre el personal femenino del salón. ¿Es posible que las mujeres que nacieron o viven en Hamburgo (Alemania) se cambien el gentilicio?, han de sufrir como si fueran vacas camino del matadero, pues cada vez que se dice hamburguesa se piensa en carne mantecosa en lugar de carnes provocativas y bien puestas, con bellas cabelleras y coquetas miradas. Si digo italiana pienso en la Loren, si digo sueca pienso en estrellas porno, si digo caleña pienso en la diosa Kali, si digo hamburguesa todos piensan en un payaso pelirrojo. No es justo.

domingo, 12 de agosto de 2012

a óscar le gustaba el jazz

Hay lugares en la memoria que parecen reservados al olvido. Sin embargo, en el momento menos esperado el mas nimio detalle nos lleva de regreso a vericuetos dejados en alguna esquina de la mente. Ayer recordé a Óscar, pero ya no recuerdo el porqué, a veces los callejones de la memoria se encienden y se vuelven a apagar.

En mi adolescencia tuve la oportunidad de vivir en un barrio de casas pequeñas, todas iguales, un pequeño garaje, un pequeño jardín y tres pisos. Desde que tuve quince años comencé a vivir en el altillo, logrando una independencia no anhelada hasta ese momento pero siempre apreciada. Recuerdo que papá me regañaba y exigía que bajara y pasara más tiempo con la familia.

Óscar también vivía en el altillo, en la casa de su abuela, a media cuadra de la mía. No acostumbraba salir a jugar con nosotros. Su forma de vestir era muy formal para su edad y la época, el final del primer lustro de los ochenta. Los muchachos del barrio hacían burla de él. A mi me parecía un marciano de lo mas normal. En alguna ocasión me invitó a su casa. No vivía con sus padres, tenía a su abuela, un tío y un hermano, si mal no recuerdo. El altillo parecía el de un niño de la Europa de la posguerra, era como viajar en el tiempo. Tenía un equipo de sonido y montones de discos de jazz. Ahora hay un destello en mi memoria, seguramente hablamos de blues y eso nos llevó al jazz. El blues era el punto de contacto entre los dos altillos de un barrio de clase media bogotano. Pasé una tarde sorprendido por el conocimiento musical de Óscar.

Al poco tiempo me fui del barrio y no supe más de él. Eso me da una especie de nostalgia por las personas valiosas que nunca recordamos.

domingo, 5 de agosto de 2012

de regreso a ¿la normalidad?

La llegada de agosto por éstas latitudes significa el comienzo de un nuevo semestre universitario, en mi caso como profesor y estudiante a la vez. A manera de resumen debo decir que durante las vacaciones hice un curso en el que conocí a una guapa joven con la que he tenido la oportunidad de compartir tiempo y dentro de poco un par de proyectos. Y para los más curiosos y perspicaces debo confirmar que hay mutuo gusto y suficientes ganas... grrr

Debido a que tengo por costumbre ser boquiflojo, lo que se puede interpretar como una honestidad flagrante y en ocasiones brutal, en medio de un almuerzo con la diosa kali le confesé de mis avances con la lolita intergaláctica.  A la diosa kali el asunto no le gustó, le pareció que no era una buena idea, me propuso que podía conseguir otra persona para desarrollar los proyectos, que era demasiado joven para mi (eso no lo puedo negar), que estaba desequilibrada, que yo también lo estaba,que bajaría las notas de la maestría si me desconcentraba... en fin. Sin embargo, al final no pudo negar que ahora soy soltero y esas son las lides que la vida me pide superar.

Me sentí halagado por la reacción de la bella caleña que sigue insegura acerca de sus planes de boda. Mientras lo decide he optado por arriesgarme a morder el cuello intergaláctico de la bella veinteañera que gusta de los hombres mayores que ella. Cuando le dije que tal vez buscaba un padre, ella asintió y agregó que eso mismo le había dicho un sicólogo, pero que eso la tiene sin cuidado pues busca alguien que la muerda de la manera adecuada.