domingo, 12 de agosto de 2012

a óscar le gustaba el jazz

Hay lugares en la memoria que parecen reservados al olvido. Sin embargo, en el momento menos esperado el mas nimio detalle nos lleva de regreso a vericuetos dejados en alguna esquina de la mente. Ayer recordé a Óscar, pero ya no recuerdo el porqué, a veces los callejones de la memoria se encienden y se vuelven a apagar.

En mi adolescencia tuve la oportunidad de vivir en un barrio de casas pequeñas, todas iguales, un pequeño garaje, un pequeño jardín y tres pisos. Desde que tuve quince años comencé a vivir en el altillo, logrando una independencia no anhelada hasta ese momento pero siempre apreciada. Recuerdo que papá me regañaba y exigía que bajara y pasara más tiempo con la familia.

Óscar también vivía en el altillo, en la casa de su abuela, a media cuadra de la mía. No acostumbraba salir a jugar con nosotros. Su forma de vestir era muy formal para su edad y la época, el final del primer lustro de los ochenta. Los muchachos del barrio hacían burla de él. A mi me parecía un marciano de lo mas normal. En alguna ocasión me invitó a su casa. No vivía con sus padres, tenía a su abuela, un tío y un hermano, si mal no recuerdo. El altillo parecía el de un niño de la Europa de la posguerra, era como viajar en el tiempo. Tenía un equipo de sonido y montones de discos de jazz. Ahora hay un destello en mi memoria, seguramente hablamos de blues y eso nos llevó al jazz. El blues era el punto de contacto entre los dos altillos de un barrio de clase media bogotano. Pasé una tarde sorprendido por el conocimiento musical de Óscar.

Al poco tiempo me fui del barrio y no supe más de él. Eso me da una especie de nostalgia por las personas valiosas que nunca recordamos.

1 comentario:

Gabriel Cruz dijo...

Y se te entiende de ello Aguijon, aunque de alguna forma estas personas nos han influenciado en algo y en tal influencia es que viven en nosotros, asi que de alguna forma siempre nos acompañan :)
Va buena vibra ;)