domingo, 25 de noviembre de 2012

cambio de tercio

Intoxicado. Esa fue la palabra que usó al contarle del leve y agradable mareo que sentí, luego de beber la seguidilla de agua de áloe vera, té y malteada de piña colada  que me había servido luego de una grata conversación. Eso indica que estás intoxicado, dijo.

Conocí a la actriz que me nutre cuando mis alumnos la llevaron para la audición de presentadora de un ejercicio de la clase de televisión que dicto. La primera impresión fue despampanante. Tenía el pelo negro, largo y alborotado. Conectamos de inmediato, mi negro, cínico y descarado sentido del humor conseguía que su boca bailara al compás de las sonrisas, haciendo que no despegara la mirada de sus labios carnosos...mmm

Un par de semanas después había sido seleccionada para el cargo de presentación, juro que no incliné la balanza a mi favor, dejé que los mayas hicieran lo suyo.  Incluso a la diosa kali le pareció guapa, adelante entonces. Sin embargo le sucedió lo mismo que a Dalila con Sansón, se cortó el pelo y el encanto disminuyó (es cierto, el pelo largo me parece sexualmente atractivo, lo admito). Aun así la coquetería no se quedó en el piso de la peluquería. Le regalé una copia de Esperando a Godot en video, para caerle en gracia, pues forma parte de un grupo de teatro. Cuando se lo entregué le pedí que luego de que lo viera nos tomáramos un café para comentarlo, accedió, pero no le pedí su número pues quiero concentrarme en rehacer mi vida, no en tener relaciones furtivas.

Pero en ocasiones la vida se empeña y la encontré, por mera coincidencia, vendiendo productos de herbalife a un par de cuadras de donde vive la madre de mi hija. Al entrar al local se avergonzó un poco, pero de inmediato recuperó el orgullo y me invitó a formar parte de su club de nutrición. Así que ese es el inicio de la historia, llevo tres semanas tomando seguidillas saludables de herbalife mientras nos coqueteamos lentamente. Aun no le pido el número.


lunes, 12 de noviembre de 2012

un sismo bendito contra el mal de ojo


Ella siempre ha sido miedosa, aunque se pase la vida intentando aparentar lo contrario. Es la madre de mi hija. Desde que la conocí ha usado collares y pulseras que se supone protegen contra el mal de ojo, asunto que siempre le he criticado, pues no soy de los que creen en objetos como talismanes. Prefiero creer en la fuerza mental, que es una proyección de la fuerza del espíritu... sí, el misticismo no es ajeno a mí.

¿Acaso un objeto puede evitar que se generen deseos y pensamientos negativos? ¿Y si el miedo es nuestro peor enemigo? De cualquier manera, hasta el momento no ha sido posible que luche contra los temores que habitan en ella. Y eso, definitivamente no es algo que me alegre, porque las consecuencias se han dejado ver, y son muchos los afectados.

Desde que nació R ella acostumbra ir al acupunturista, las agujas le han ayudado a dejar atrás los dolores de espalda y otras molestias que siempre terminan por regresar. De eso hace ya dos años. Hace un par de semanas el médico acupunturista le recomendó que se quitara las pulseras y collares contra el mal de ojo, según él le estaban quitando buena energía. ¡Finalmente alguien lo consiguió!

R ha traído muchos cambios, ha sido como un sismo bendito para nuestras vidas.

lunes, 5 de noviembre de 2012

serían bonitos... pero no

Hacía tiempo que la diosa Kali deseaba conocer a R, mi hija. Hace un par de semanas ella me había visto paseando en la bici con ella, pero yo no vi su majestuosa presencia y el encuentro no se pudo dar. Me lo hizo saber. El 31 de octubre se dio la oportunidad sin premeditación alguna. Yo estaba en la entrada de la facultad jugando con la nena cuando la diosa Kali salió con un compañero porque debíamos hacer un trabajo juntos. Yo charlaba con algunas de mis estudiantes quienes además estaban encantadas con la presencia de R. La diosa Kali no podía quitarle la vista de encima. La comprendo porque me pasa lo mismo todo el tiempo.

Dicen que una buena estrategia para caerle en gracia a las mujeres es mostrar nuestra faceta de padres. Por fortuna yo no debo impostar nada, estar con mi hija es lo que más me gusta hacer. Además, parece ser que bajo la presencia de R mi comportamiento es diferente al habitual, razón por la cual la diosa Kali me miraba de manera diferente, y así se lo hizo saber al amigo con el que íbamos hacia la cafetería, yo caminaba algunos pasos adelante llevando en los brazos a la nena pero pretendí no haber escuchado cuando dijo: "ya me dieron ganas de tener un hijo con este tipo, me tiene fascinada". Al entrar al café nuestro compañero me hizo saber del comentario hecho por la diosa, después de intentar confundir un poco la situación puse mi  mano en su hombro y le pregunté: "¿de verdad quieres tener un hijo conmigo?", ella sonrió ante mi osadía y contestó."sin duda serían bonitos... pero no".

Pasamos las siguientes tres horas juntos. Escuchamos y bailamos canciones infantiles en el carro mientras llevaba a la diosa a su casa y mi hija se dormía. Algo pasó en nuestra amistad gracias a la nena, una puerta de confianza se abrió que yo ni imaginaba que pudiera existir.