lunes, 14 de enero de 2013

vida amorfa en metros cuadrados

Terminé viviendo con mi primera novia por solidaridad. Al final creo que fue un error del amor porque las consecuencias no han sido las mejores para mi, aunque ella se empalaga dejando mi mala reputación en el peor de los lugares. El destino quiso que llegáramos a un apartamento de 140 metros cuadrados, que no es un espacio nada despreciable para dos personas. Ventanas de techo a piso por el occidente que permitían ver bellos atardeceres, y ventanas por el oriente que permitían al sol despertarnos tibiamente. El techo estaba por encima de los tres metros, rondaba los cuatro. Allí viví en renta durante cuatro años, durante un tiempo con ella y una bella perra husky y luego con mi segunda y varios gatos.

Luego me fui a vivir con mi segunda novia a un piso catorce. Eran 80 metros cuadrados, pero eran propios. Al comienzo sentía que me aplastaba porque el techo "apenas" estaba a dos metros con diez centímetros del piso. Las ventanas daban únicamente al occidente, regalándonos unos atardeceres apoteósicos. En las mañanas era un poco frío porque no entraba el sol y al estar cerca de la montaña el viento hacía rugir su presencia. Allí concebimos a nuestra hija. Ahora estamos separados. Los gatos los tuvimos que dejar.

Luego de vender el apartamento del piso catorce y dividir por mitades lo que nos dieron por él, he logrado meter la cabeza en un sencillo lugar de 29 metros cuadrados. Sí, regalé todo lo que sobraba, que era casi todo, tan solo mi estudio (léase guitarras, piano y demás juguetes) han sobrevivido a la debacle de la reducción de espacio.Ya no hay espacio para novia, ni para perros o gatos. Pero si para mi hija que cada vez que va abre la nevera en busca de gelatina.

Sin embargo, no me estoy quejando. A pesar de que todo el tiempo estoy chocando con todo por la falta de espacio, me he dado cuenta que la incomodidad me hace mejor persona, entiendo mejor a los demás, me obligo a ser más creativo. Ahora vengo a entender que para poder convivir con alguien es mejor convivir con uno mismo primero. La soledad puede hacer que desvíes la ruta. No quiere decir que no vaya a buscar algo más amplio, necesito un lugar con una habitación para mi hija, así cuando venga tendrá algo más que gelatina.

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