lunes, 11 de marzo de 2013

cosas de mujeres, cosas de amigas decoloradas

Mientras almorzábamos en un detestable restaurante de comidas rápidas, y nos confesábamos nuestras mutuas decepciones en las relaciones de pareja, la diosa kali me recordó que soy un hombre soltero, y que por lo mismo puedo disfrutar de las mieles del no-compromiso. En seguida comenzó a enumerar las candidatas en cuestión.

A la lolita intergaláctica la descartó sin pensarlo dos veces, de la misma manera que lo hizo la primera vez que le conté de su existencia. Imagino que ha de tener razón, ¿para que quiere un hombre soltero por encima de los cuarenta intimar con una belleza de 21 años que te coquetea mientras bebe su martini con tus gafas puestas porque le gusta que le diga que parece estrella porno?

A la actriz que me nutre la descartó porque tiene una relación de nueve años con un novio que ya no se acuesta con ella, además ella sabe que yo no me relaciono con mujeres comprometidas. Imagino que ha de tener razón ¿para qué quiero intimar con una guapa de 31 años que goza con verme babear cada vez que sacude su busto frente a mi, tan solo por jugar?

Aproveché para decirle que una de sus amigas había tenido el buen tino (en mi opinión) de sonreírme durante su matrimonio (el de la diosa kali, por supuesto). A la diosa le pareció una situación perfecta. Me dijo que la abogada sexy era una mujer estupenda  (con lo que estoy completamente de acuerdo). Cuando le confesé que me había escrito un correo electrónico diciéndome que invadiera cuando quisiera, la diosa abrió los ojos y me dijo que me podría ayudar con la bella damisela. Ella tiene un corazón enorme, dijo (ya lo había notado por su busto generoso), sin embargo, debes saber que tiene un hijo adoptado. Le respondí que había visto las fotografías en facebook. Ella es muy linda, me dijo, aunque tiene poco pelo, se está quedando calva ¿te diste cuenta? y luego se echó a reír. Pero es una mujer divina, dijo mientras tomaba su té helado y miraba en otra dirección dejando ver su perfil perfecto.

Hace unos días me escribió para decirme que debíamos celebrar nuestros cumpleaños, que están a escasos quince días de distancia, seguramente iremos al teatro y luego a cenar. No dudo que será memorable, al igual que en el detestable restaurante de comidas rápidas, del que solo recuerdo su mirada, su lunar, las pecas en sus senos y sus mano portando el  anillo de matrimonio que literalmente se decoloró.

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