martes, 19 de marzo de 2013

estado: zen

En la misma medida que mi espacio físico ha disminuido mi espacio mental se ha ampliado. Es cuestión de equilibrio. Cada vez estoy más tranquilo, imagino que el aislamiento es bueno para el alma (o de lo contrario que hable el Dalai) y poco a poco veo sus consecuencias. En mi apartamento sólo tengo una de las plantas de las siete que antes cuidaba, ahora están todas en casa de mi madre y mi hija me ayuda a cuidarlas. Me queda el zingonio que es de largo aliento.

La diosa kali percibió mi tranquilidad -¿estás bien?, preguntó- le respondí la verdad escrita en el párrafo anterior -se te nota que estás zen, estás más tranquilo que de costumbre-. Yo intuía que ella pasaba por un momento difícil, no sé porqué la siento tan cercana e incluso la comprendo. El caso es más complejo, está desesperada, lleva casi dos meses casada y su marido no hace el amor con ella hace un año, ahora se siente gorda (aunque la verdad es que está más buena que el pan), las terapias de pareja no han ayudado. Yo no dejaba de mirar sus labios. La vida es extraña y fascinante.

Velas de todos los colores, muchas velas de todos los colores.

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