jueves, 26 de septiembre de 2013

la torpeza de los adolescentes

Antes de tomar un par de copas de vino la diosa kali suelta la frase, me siento desilusionada y con rabia, me voy a separar de mi marido, yo no supe qué decir. Luego arremetió con vine para ver qué pasa ésta noche, a ver si alguien hace algo, quedé atónito. Aparte de la sorpresa, el licor me volvió más estúpido de lo habitual y sufrí la torpeza de los adolescentes, el carisma me abandonó en el momento menos indicado.

Luego nos reímos como siempre que estamos juntos, hablando con desfachatez pornográfica, le envié mensajes en el código tácito de siempre y creo que ella hizo lo mismo. Confieso que es hora de dejar a un lado el supuesto y hacernos explícitos. No me atrevo a dar el primer paso por temor a equivocarme, aunque intuyo que ella lo espera. ¿Pero si mi intuición está igual de desorientada que mi carisma? Lo dicho, la torpeza de los adolescentes pasa factura.

Luego vimos una película aburrida y antes de tomar su taxi me confesó que su marido casi nunca está en casa, apenas dos días a la semana. Velas blancas, muchas velas blancas.

1 comentario:

Gabriel Cruz dijo...

Uy¡ suena a mucha tentacion, como para en efecto dejarle a uno pensando en si atreverse o no :-O