viernes, 6 de septiembre de 2013

mensajes en botellas que no llegan al mar

Tomé el libro con la intención de revisar los datos de publicación, ustedes saben, las citas que se deben adjuntar en los ensayos para parecer informado, culto y en la movida. Ese libro fue uno de nuestros favoritos en algún momento. Al levantar la portada flotó un papelito con una anotación:

"Somos mucho de lo 
que vivimos y de las
personas que nos
rodean... pensé mucho en ti!
d."

Quedé paralizado y conmovido, el tiempo tiene su manera de hacernos jugadas extrañas y hermosas. Ya no convivimos. Ella es la madre de nuestra hija. Es curioso que durante el último año y medio, tiempo durante el cual he manipulado el libro con asiduidad, el pequeño papel no se haya decidido a saltar desde el desfiladero de la solapa a la página de respeto con mi tradicional ex-libris.

Al día siguiente comenzamos otra terapia de pareja, no con la intención de volver sino con el deseo de comunicarnos mejor por el bien R, pero como si fuéramos soldaditos de plomo en un campo de batalla que seguía en la misma posición de la última vez que jugamos, nos pusimos en guardia y los disparos comenzaron a sonar. El papelito del libro estaba bien resguardado pero de seguro sus letras ardían.

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