sábado, 22 de febrero de 2014

el sensei en un autobús

Es japonés, director de orquesta, pero en ésta gira es el segundo de un ruso brillante que admira profundamente. Son las dos de la mañana y vamos en un autobús por las carreteras de Cataluña rumbo al hotel. La mayoría, al igual que él, dormita en su silla luego de casi dos horas de interpretar a Wagner en una prestigiosa sala de conciertos. Yo observo el paisaje que la luna ilumina con sutileza.

De repente el sensei en medio de su ensueño comienza a mover sus brazos como si estuviera dirigiendo la orquesta, lo hace durante unos segundos y vuelve a caer dormido. Agradecido por haber sido testigo de la fuerza del deseo presente en el nipón pienso en mi hija una vez más, en el profundo deseo que tengo de verla y abrazarla. Sonrío con nostalgia, lloro un poco aprovechando la oscuridad. Mi corazón está lejos de Cataluña.

1 comentario:

kika dijo...

A veces no sé si es bueno o malo estar siempre tan conectado con todo lo que se desea o lo que se es en vigilia. Aunque supongo que lo suyo es realmente inspirador, como para el mejor de los sueños.