sábado, 22 de marzo de 2014

Dicen que los buenos directores saben decir no. Con el tiempo he notado la verdad implícita en esa idea, es posible que la juventud no permita verla con claridad. En mi vida he sido un activista del sí. Me he dejado llevar por la candidez, pero no me arrepiento a pesar de todo.

Ahora estoy en un momento del no, ya no quiero ciertas cosas, ambientes o situaciones. La vida me ha ido enseñando a cuidarme, no hago daño pero tampoco permito que me dañen. Por otra parte la vida también me dice no en ciertos aspectos que desearía probar, aunque confieso mi inseguridad al respecto.

Percibo que estoy dando los últimos pasos por el desierto.Oriente me recomienda limitar, decir no.

martes, 18 de marzo de 2014

la ilusión de la academia

Ser profesor nunca estuvo entre mis planes. La vida me ha ensañado, a trancazos, que toda persona debe enseñar en algún momento de su existencia, así la sociedad sería diferente, por lo menos la colombiana que es tan salvaje y agresiva.Hace veinte años repelía cualquier posibilidad en la docencia, vueltas que da la vida.

Hace casi tres años que soy profesor universitario durante quince horas a la semana. Es un trabajo fijo, lo acepté porque mi hija estaba por nacer y necesitaba cierta estabilidad económica. La arrogancia que tuve a los veinte se vio doblegada. Aunque ya había tenido trabajos ocasionales como docente éste me llamaba la atención porque estaría en la universidad más importante del país, donde la mayoría de los estudiantes tienen un alto rango intelectual pues la selección no se hace por el poder adquisitivo que tengan.

Cada seis meses debo hacer entrevistas personales a los candidatos que quieren ser parte de mi carrera. Cuando hablo con ellos no dejo de pensar que están llenos de ilusiones, con una vida por delante. También sus padres comparten esas ilusiones. Y yo como juez y verdugo, sin querer hacer daño pero con la obligación de tomar decisiones que pueden ir al traste con sus deseos. Algunos lo ven como una lotería, creen que si aprueban los exámenes de ingreso automáticamente ingresarán a una mejor vida. Para muchos es su única oportunidad, y duele ver que no tienen talento y no serán aceptados.

Cuando los alumnos llegan a mi clase es porque están en sexto semestre de una carrera de nueve. Para ese momento la emoción que había en la entrevista de ingreso se ha desvanecido. La desmotivación es la regla, la universidad ha consumido sus ideales, las ilusiones han transmutado en rabia y cinismo. Mi objetivo es lograr que la ilusión renazca, o por lo menos dejar de lado la negatividad. ¿Cómo ser buen ciudadano si el sistema se encarga de romperte los dientes?

Conviene leer el artículo donde Noam Chomsky define las razones por las que las universidades no están ayudando en absoluto. Aquí el vínculo: http://www.elespectador.com/noticias/educacion/el-neoliberalismo-tomo-asalto-universidades-noam-chomsk-articulo-480438



sábado, 8 de marzo de 2014

cambios de agenda

¿Cuántas personas que conocen son realmente dueñas de su vida? Es posible que sea una digresión de la mediana edad. Es fácil dejar el timón de tu destino cuando lo cedes por amor, o algo que se le parece. Pero cuando el resultado no es el esperado, ni mejor, no se puede culpar al otro. Para Jesucristo fue pasar por el desierto, Jung lo llama bajar al infierno para conocer  a nuestra sombra, los esotéricos se refieren a ese estadio como bajar al inframundo, como le sucedió a Kore.... ¡oh black Lilith!

A pesar de lo que se pueda pensar a priori ese momento es algo bueno en la vida, un punto de giro si nos referimos a la dramaturgia, un momento de conciencia en la transformación. No se puede ser oruga toda la vida, aunque para algunos valga la pena arrastrarse y sentirse mártires. El siguiente paso es asumirse como mariposa y aprender a volar... solo, sin dar contra algún parabrisas a 140 kilómetros por hora.

La fortaleza viene de adentro, no hace falta buscarla afuera, pero tiene sus trucos. Cada vez estoy más convencido que no existen las coincidencias. De hecho cada vez  es más frecuente ver una suerte de traslape de diferentes tiempos en un mismo espacio, por muy loco que suene, problemas no solucionados, asignaturas pendientes.

Me gusta la firmeza con la que comienzo a llevar el timón del velero. Aunque hay subidas y bajadas el cuerpo emocional comienza a desplegarse como las velas necesarias para hincharse con el viento de la vida y llegar a buen puerto. En mi agenda de éste mes debo escribir un cuarteto para cuerdas, un cortometraje y el tratamiento de un largometraje; seguir con las clases en la universidad y producir por lo menos cuatro videos. Además debo asistir a terapia de pareja para solucionar la comunicación con mi ex y no afectar a nuestra hija. No está de más decir que la psicóloga es un bombón a la que definitivamente me gustaría quitarle la blusa para encontrar algún corazón.

sábado, 1 de marzo de 2014

el asunto montblanc

Montblanc es una pequeña población de origen medieval ubicada en Cataluña . La orquesta debía tocar allí un concierto en una antigua iglesia de estilo románico ahora convertida en lugar de eventos. Hicimos una rápida visita turística que la guía centró en la leyenda de San Jordi, la princesa y el dragón.

El tema de San Jorge es muy cercano a mi pues estudié en un colegio británico, así que para mi la leyenda transcurrió en Inglaterra, nunca en la Hispania. Sin embargo, allí había castillos protegidos con murallas que en su momento frecuentaron nobles caballeros y San Jorge es prácticamente su patrón.

Recordé que en mi infancia-adolescencia los caballeros armados eran una figura a seguir, y eso que no había leído el Quijote. Siempre he considerado la protección del amor como algo decididamente bello, aunque por éstos tiempos sea visto como algo cursi. Pensé que de alguna manera soy un caballero armado intentando proteger los grandes ideales que la humanidad ha olvidado y alberga en algún recóndito lugar de su interior.

Dejé al grupo de turistas y caminé un poco las calles angostas. Entré a un par de iglesias y no me sorprendió que estuvieran más frías en su interior que las calles en pleno invierno, vetusta protección. A la salida de una me encontré con la flautista que tomaba algo de sol frente a un edificio donde en uno de sus balcones retozaban cómodamente un chancho con un gato. Me preguntó si me gustaría vivir en un lugar así, le dije que no, para mis adentros pensé que ya lo había hecho ochocientos años atrás.