martes, 1 de abril de 2014

es el turno de las rubias

En mi vida las rubias no han tenido mayor preponderancia. Lo más cercano ha sido un par de castañas, pero poco de ojos azules o verdes con pieles blancas y dorados cabellos. Por éstos días los encuentros con éstas representantes se han repetido misteriosamente, semana a semana. Coqueteo, acercamientos, risas, el dulce momento del galanteo, pero sin resultados a la vista, pareciera que estoy perdiendo el toque otrora mágico.

La filóloga de la semana pasada terminó descartándome. Me gustó esa pequeña parálisis que tenía en la comisura izquierda de su boca. Intelectual sin duda, intentaba resolver todo concepto que tuviese delante a partir de la razón. Su juego de palabras era brillante. Me llamó la atención que a pesar de todo tenía momentos de descuido, como cuando se tomó mi mocachino sin notar que yo atacaba su latte. Tonterías. No creo que la vuelva a ver.

La actriz estaba charlando con unos de mis estudiantes, los invitaba a ir a su obra de  teatro donde prometía abrazarlos al final de la función. Yo interrumpí diciendo que sin duda iría por el abrazo.Mi hija revoloteaba alrededor de la bicicleta donde reposaba un cuerpo estupendo. Dijo que se parecía a mí. La volví a encontrar en el edificio, donde le tomé del pelo y le prometí que el miércoles estaría en su obra. Ella se dejó llevar por mis bromas y sonrió. El miércoles estaré allí.

Al final de la semana iré con una de mis ex-estudiantes a ver una obra mía interpretada por un cuarteto de cuerdas. Nunca hemos tenido nada pero nos tenemos ganas. Ojos verdes, pelo alborotado, estupenda lectora y chef.

Me he prometido no tener segundas intenciones, eso se lo dejo a ellas.

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