sábado, 28 de junio de 2014

carrusel ruso

Está bien, lo acepto, veo mujeres como si estuviera en un carrusel. Hace un par de meses veía a las rubias. Ahora veo a las morenas pero no logro detener el tiovivo para ver con claridad y hacer foco. La morena es bella, sensual, camina como venada y mira con ojos amarillos de tigresa... es mi alumna. Había dicho que con alumnas no, lo sé, pero me rindo ante su ternura y deferencia conmigo. Pequeños detalles, miradas, tiempos muertos que pasa a mi lado inventando cualquier excusa. Siempre acepta mis invitaciones. Tiene novio. No entiendo. ¿Alguien entiende? Seguramente nos veremos en las vacaciones para pasear con su sobrino y mi hija.

Ayer abría la caja del té para escoger alguno, como todas las mañanas, cuando noté que uno de los sobres tenía su nombre por marca. Sonreí. Al mediodía, antes de la cita con el terapista, al estacionar mi moto vi que un camión llevaba un anuncio con su nombre por marca... y no era el té. Volví a sonreír para mis adentros diciéndome que sigo siendo un adolescente. Almorzamos juntos. Al subir las escaleras intenté no mirar sus piernas al caminar tras ella, pero me fue imposible no seguir el contoneo de sus caderas. Se quitó su chaqueta exhibiendo unos bellos hombros acaramelados que quiero morder cual jugador de fútbol charrúa. Roces de manos, miradas mantenidas, sonrisas.

Espero que el carrusel no se convierta en ruleta rusa. Quiero hacer lo correcto. Ella despierta mi ternura y también mi lado salvaje. Eso es bueno. No pienso apresurarme, a pesar de todo.

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