viernes, 21 de noviembre de 2014

sobre ruedas

Nunca he comprado un televisor ni un automóvil. No me llaman la atención. Hay carros con estilo, pero en una ciudad como la mía lo pierden apenas tocan el pavimento. No me imagino un jaguar X6 color verde jade aburrido como una ostra británica en medio del embotellamiento cotidiano. Además está el asunto de la contaminación y de verse igual que los demás. En mi infancia supe que los autos de lujo que tenía papá eran una soberana tontería.

Tengo una motocicleta que rinde honor a la cultura mod, pero no es lambretta ni vespa, es una sencilla versión china con el nombre de una diosa en una obra de Shakespeare como marca, eso para mi tiene más estilo. Está claro que me gusta el bajo perfil. La diosa kali en una ocasión me halagó (¿?) diciendo que tengo estilo europeo. Para mi es suficiente. Nunca me afectan los embotellamientos ni contamino tanto como uno de esos compactos aburridos. Además es tan divertido como imagino que lo deben ser los videojuegos, debo esquivar baches, huecos y alcantarillas sin tapa además de los conductores salvajes como la gente de mi país cada vez que debo llegar a mi destino. La concentración se agudiza, al igual que los reflejos.

Sin embargo hace un par de meses que viajo en bicicleta porque estoy cerca de todo, no contamino, hago ejercicio y puedo llevar a mi hija al jardín infantil en una silla adaptada para ella. De alguna manera ha sido mágico (si hablamos de una ciudad como Bogotá). Las mujeres al ver que paseo con mi hija hacen gestos de aprobación y ternura. A algunos hombres les llama la atención, se preguntarán porqué lo hago, a mi me gusta pensar que piensan porqué no lo han hecho. La nena lo disfruta, aunque no es novedad para ella, la paseo en bici (y también en moto) desde que tenía ocho meses... no le digan a la mamá.

Ya veremos como pinta la vida, pero de momento sigo sin intenciones de comprar un televisor o un automóvil

martes, 11 de noviembre de 2014

mundo minúsculo

Es común creer que el mundo es lo que vemos, cuando vemos. También es común darse a uno mismo más importancia de la que nos otorgan los demás. Podemos pasar la vida recorriendo las mismas calles sin que el mundo se acabe, cuando hay algo porqué caminar. Desde afuera mi mundo es minúsculo, desde adentro es ir al mando de una nave espacial. Claro que no todos lo ven así, hay que entrar para notarlo. Mis sueños se acercan más a la vida tranquila que a la ostentación. Aun así hay derroche y lujo sin que medie medio céntimo. ¿Soñador, idealista o iluso? Creo que hay algo más que ésto, yo lo tengo y lo comparto, pero son pocos los que lo ven y menos aún los que me creen sin haberlo visto. Ahora camino sin compañía pero tengo un motivo para seguir adelante. Sé que no estoy solo.