miércoles, 17 de diciembre de 2014

lolitas, ginebras y martinis

Tenía un día largo, tanto que llegaba hasta la noche. A la media tarde mi teléfono inerte sonó y vibró cual dildo con batería nueva. Ella es así, llama cuando menos te lo esperas, generalmente es inoportuna, pero aun así contesto.

- ¿Nos vemos a las cinco?
- ¿Porqué tanta prisa?
- Quiero verte.

Ante eso no me pude negar.Le advertí que a las siete de la noche debía estar en un estudio adelantando otro trabajo. No le importó, por el contrario, me ofreció su compañía. A la diosa kali no le hizo mucha gracia, aunque debía irse pronto pues tenía pico y placa y podía terminar en su casa el trabajo que estábamos adelantando.

Cuando la vi a las 6.30 la lolita intergaláctica llevaba tres ginebras encima. Lucía encantadora, pues bella es. Le dije que no podía llegar ebria al estudio adonde iríamos, así que fuimos a comer algo con suficiente grasa para cortar un poco el efecto del jengibre etílico, pizza fue su elección. Venía de estar con su novio que no consiguió hacerla entrar a la fiesta de la agencia de publicidad donde trabaja. Mientras caminábamos un par de cuadras hacia el estudio me confesó que la pasaba muy bien conmigo y que le gustaría estar soltera para poder disfrutar más ratos de libertad. Le mentí diciéndole que conmigo estaba a salvo y que aún se notaba su borrachera, hizo cara de preocupación, pero la desestimó cuando le dije que la hacía ver muy sexy. Estuvo una hora conmigo en el estudio y se fue a una fiesta.

Esa es mi historia con la lolita intergaláctica, siempre que nos vemos toma algunos martinis, hablamos explícitamente de sexo y desaparece. Yo lo tengo claro, es deseo pero nada más, si tuviéramos algo se rompería el encanto... pero de madera no soy.