domingo, 29 de marzo de 2015

el anacoreta del altillo

Algunos años de mi adolescencia los viví en el altillo de la casa número 71 del barrio. Allí me sentía a gusto por cierta independencia que me brindaba el estar ligeramente aislado del resto de la familia.Se subía por una escalera de madera, el piso estaba cubierto por yute y tenía una pequeña ventana que iluminaba el lugar. Allí tenía un escritorio, algunos libros, un mini-televisior y por supuesto la radiola que había pertenecido a mamá, la radio y los casetes, junto a un pequeño gimnasio.

Con frecuencia mi padre me llamaba la atención por no compartir tiempo con ellos, su arrogancia no le permitía entender que él había destruido el significado de la familia. Mamá siempre estaba pendiente de mi, me llevaba la comida y me permitía ser.

Al día de hoy las cosas no han cambiado mucho, llevo una vida familiar sana e intensa que me llena de alegría. Aun así sigo viviendo como aquel anacoreta del altillo, pero con independencia y autonomía. Vivo en un estudio al que prefiero llamar taller, rodeado de instrumentos, libros, un pequeño gimnasio, y cuatro computadores para grabar, crear, informarme y entretenerme. Me gusta pensar que soy un hombre del renacimiento, un diletante del siglo XXI que con la ayuda de las máquinas y la comunicación global intenta romper a zarpazos el velo del tiempo lineal.

Sin embargo debo enfrentar el cambio.

lunes, 23 de marzo de 2015

estado de gracia

Todo es movimiento. Lleva tiempo aprenderlo, pero una vez comprendes que las emociones, los pensamientos y el cuerpo deben moverse para llegar a algún lugar todo comienza a cambiar. Luego de tomar conciencia buscas la manera de sincronizar esos movimientos. Ese es el estado de gracia. Ese momento se puede expandir a voluntad, con algo de concentración. Yo lo encuentro con mi hija, leyendo, componiendo o escribiendo. También se encuentra en el erotismo, pero es efímero si no tienes claro lo que estás haciendo.

Luego de estar quieto por un par de años siento que empiezo a moverme de nuevo. Es curioso cómo se puede ver la ausencia de uno mismo. Y no es que dejara de escribir, ni componer o leer, por el contrario, escribí un guión de largo metraje y tengo un par de ideas nuevas, he compuesto música para varias series de tv, incluso gané un premio de composición, y no se puede dejar de leer.

Luego del temblor siento que retomo el camino que una bola de fuego me obligó a dejar por un tiempo. El fuego purifica, así que aprendí a aceptar y vivir cada momento, y ardí un rato antes de tragarme la bola. Ahora el fuego va por dentro.

lunes, 16 de marzo de 2015

después del temblor

La tranquilidad está de regreso. El alivio que eso implica es de agradecer pues ya le estaba encontrando el gusto a golpearme la cabeza contra las paredes. Ésto de encontrar el camino es bello pero tiene sus bemoles, y perder el tiempo no es algo que un músico vea con buenos ojos. Las segundas intenciones comienzan a desvanecerse para fortuna de todos. Está claro que no quiero compañía perpetua, el tiempo que paso con mi hija es mucho más de lo que hubiese imaginado jamás. Ahora vuelvo con ansia a escribir y componer; es como si se hubiera cerrado un paréntesis y volviera al 23 de junio de 2011 como si nada, recuperado, un poco más fuerte y sin duda más guapo. Y lo noté porque la tierra tembló el día de mi natalicio.




miércoles, 4 de marzo de 2015

pensamiento y acción

Para los budistas es fundamental la relación y coherencia entre pensamiento y acción. La filosofía per se no soluciona nada, no son mas que palabras. Si lees esas palabras y las entiendes preferiblemente como ideas es posible que te emociones. Hasta ahí no hay problema, aún no te has movido de la placidez de tu sillón. La parte difícil radica en la acción que sustenta la emoción que consiguió la idea ¿verdad? Ese es el momento de tomar el riesgo de ser lo que realmente eres. ¿Te comportas igual en la intimidad que en tu vida social? Si la respuesta es negativa es posible que no te sientas a gusto. Eso no quiere decir que tengas que bailar en cueros o en ropa interior en la oficina como lo harías en casa. Sin embargo es algo parecido. Y aunque suene a libro de superación debo confesar que estoy de acuerdo en que la acción solo existe en el presente, no se puede antes ni después.

Yo lo he intentado a través de mi alter ego, el moscardón diesel me ha permitido mostrar una faceta de mi que nadie conocía, que no han visto ni siquiera las parejas con las que he convivido. Ese tipo de acción me agrada, el rostro se queda en el escaparate y no le hago daño a nadie. Ahora estoy exportando ese tipo de acciones a mi nombre, y funciona. Antes no habría ni siquiera pensado en hacerlo. Mi faceta como profesor me ha enseñado a dejar ver lo que soy, algo debía tener de bueno serlo.

P.D. Lu me tiene ganas, pero aún no se concretan. Lady martes de reserva se quiere hacer la interesante.