domingo, 26 de abril de 2015

de animales, personas y lenguaje

La forma en que hablamos define nuestros mundos, que no alcanza para universos porque la mayoría es descuidada para hablar, por lo menos en colombia, el país donde vivo. La oscura violencia en la que estamos inmersos desde hace 60 años pasa factura a la pobreza en la educación. La mayoría habla por hablar, por llenar los espacios que los asustan, pero al final no dicen nada porque no hay coherencia entre lo que dicen y hacen. Políticos y periodistas hacen gala del desastre, a pesar de haber leído uno que otro libro, y por desgracia ellos se convierten en modelos a seguir por un pueblo francamente imbécil, malogrado y abatido.

Un país que dice "violento" para referirse a algo muy bien hecho, "mi gonorreita" para saludar a un amigo, o "pendejo" por cumplir las normas, implica que tiene una sociedad enferma. Detesto cuando comparan a los animales con acciones que consideran incorrectas. Zorra o perra a una mujer, sapo a alguien que denuncia, abeja a alguien que sabe hacer trampa, culebra a una deuda y burro a alguien que consideran ignorante es solo parte del asunto.

Por supuesto que en la esfera íntima es donde se gesta esa violencia verbal que adormece las emociones sanas y de ahí se replica al mundo. Luego se preguntan porqué los colombianos son tan denigrados en el planeta. La relación entre sexualidad, erotismo y amor que plantea Octavio Paz en La Llama doble evidencia la desconexión  que ha hecho de la sociedad donde vivo algo definitivamente inhumano.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno pero eso no debe limitarse a Colombia, creo. Y el porque de los colombianos denigrados en el mundo; basta ver cualquier película nacional de las más taquilleras en el exterior.