lunes, 13 de abril de 2015

el quiebre de la corteza

Derribo un par de ladrillos para ver el atardecer, la luz dorada de la hora mágica irrumpe acariciando mis mejillas. Estoy congelado como un venado. Poco a poco el lugar se derrumba y se convierte en el jardín de R. Sus pasos saltarines se aproximan mientras canta, sé que está bailando aunque no la vea. La tranquilidad me inunda y me ahogo en su aroma. Ella es la mujer de mi vida, es el quiebre de la corteza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Poesía & rock and roll... Y algo como de El gigante egoísta. Buen final.