domingo, 17 de mayo de 2015

de algores a fiebre

Todo comenzó con la ducha eléctrica descompuesta. No encontré ningún problema en bañarme con agua helada a las 5.30 de la mañana, con el clima de Bogotá a unos cinco grados centígrados cuando consideraba que el resfriado era asunto pasado. Ese mismo día le dije a Lu que estaba saliendo de una sencilla gripe, nada que pueda afectar a un superhéroe como yo.

Dos días después estaba en cama, sintiendo los algores que preceden a la fiebre y deseando que no fuese más que una sencilla antesala para reconfigurar el ADN. No lo disfruté pero tampoco lo sufrí. Era la primera vez que mi hija me veía en cama, se asustó un poco pero terminó logrando su objetivo de meterse bajo las cobijas para acompañarme.

Hacía por lo menos treinta años que un resfriado no me tiraba a la cama, y menos por cinco días. Confieso que volví mejor que como estaba antes del baño de agua fría.

No hay comentarios: