domingo, 24 de mayo de 2015

la justiciera

La conocí la noche en que se casó la diosa kali, yo hacía las veces de fotógrafo y en el momento en que los novios se daban el mutuo sí (aunque estaban peleados pues él le confesó que en la despedida de soltero se había ido de putas y a ella no la tocaba hacía casi un año...) una bella mujer me lanzaba bellas sonrisas bajo la marquesina de la antigua casa donde se llevó a cabo el evento. Yo apenas devolvía una leve sonrisa con timidez.

Para la cena la diosa kali había dispuesto una mesa especial para sus mejores amigos. Allí estaba ella, quedamos frente a frente en la mesa, interrumpida la vista por un arreglo floral que ella pidió quitar. Estaba claro quien manejaba las riendas. Yo soy muy malo para la conquista, sobretodo cuando la mujer es en verdad bella y es quien toma la iniciativa, me parece increíble que eso suceda y la timidez me agarra por la garganta haciéndome parecer el estúpido que puedo ser.

Durante la cena cruzamos algunas palabras, la hice reír con algunos de mis comentarios. Pensé que el hombre que la acompañaba era su pareja hasta que él mismo me dijo, en un momento en que ella no estaba, que le pidiera el teléfono. La verdad no pensé que el asunto tuviera algún futuro, sólo disfrutaba el momento de ser cortejado por esa belleza caleña.

El momento crucial vendría con el asunto del baile, tema en el que soy un desastre a pesar de ser músico. Siempre intento salir por la tangente diciendo que ni los grandes músicos ni los hombres duros bailan. Ella me tomó de las manos, me puso un sombrero de fiesta y me llevó a la pista. Pavor, estupefacción y congelamiento del cuerpo fueron las consecuencias, pero a la justiciera (porque era abogada) le pareció tierna mi estupidez. Tengo que aprender a bailar apretao, lo prometo.

Seguí el consejo del amigo y pedí su correo electrónico, pues la excusa era enviarle unas fotos que le había tomado. Al día siguiente se las envié y quedamos en tomar un café. Nunca asistí a la cita por una mala elección. Ahora lo lamento. Tiempo después la llamé para corregir el asunto pero en el momento clave fue ella la que no quiso ir. Me lo tengo merecido, la justicia me viene de manos de la justiciera. Por éstos días y sin saber la razón he pensado en ella y en lo que pudo ser.

1 comentario:

Michelle Durán dijo...

Eso es terrible. Quedarse en un "hubiese". Pero...ánimo ¿No?