viernes, 1 de mayo de 2015

luz de ayer

Salir del desierto no se consigue en un dos por tres. El camino es angosto, quedan rasguños del único cáctus que existe en el barrio, la manos están raspadas por el estúpido intento de asirse de alguna piedra, y ni se diga como terminan las rodillas del corazón. A lo dicho solo queda decir que no me faltan ganas de respirar. Más que perseverante soy terco, y el tambor de rocanrol que palpita en el pecho no para de sonar. Mientras eso pase yo seguiré bailando.

A pesar de eso, en ocasiones, la fuerza se agota (a la mierda la guerra de las galaxias, remedio para cincuentones de panza flácida) y busco algún refugio. Ya lo saben, mi casa es el lugar del silencio, el lugar donde toco desnudo el piano. Desde hace tiempo no concilio el sueño con facilidad, aunque duermo bien. La última semana he vuelto a soñar sin despertar sobresaltado, lo primero que he visto ha sido el despuntar del sol en el corredor, me levanto y al tercer paso veo el estudio inundado con la misma luz que en la infancia me consolaba, ahora me alegra, regreso en el tiempo al 76, también al 83. Levanto la persiana de bambú y cierro los ojos mirando al sol, todo se convierte en un rojo cálido.

Al abrir los ojos los rasguños, raspones y dolores dejan de ser los protagonistas gracias al balsamito de fierabrás.

1 comentario:

kika dijo...

Y que bien que puedas soñar sin sobresaltos. Mi mente tiende a acribillarme de pesadillas al menor signo de estrés, ridículas a luz de día, terribles en la oscuridad de la habitación.
Que sólo un haz de luz te pueda transportar me parece único y genial, yo últimamente recurro a la música para instalarme en el 95 a todas las horas.

Suerte en el camino angosto, nunca es tan largo (o eso dicen)

P.D No creas que no leí tu recomendación para mi recuperación. El doc está de acuerdo, pero ahora debo esperar hasta estar 100. Gracias!