domingo, 7 de junio de 2015

el curso de la vida

Escritor fue el primer oficio que elegí cuando de pequeño alguien me hizo la estúpida pregunta ¿qué quieres ser cuando grande? Luego cambié por paramédico, piloto de helicóptero, médico e incluso militar. En mis planes nunca existió la posibilidad de ser músico, y luego de crecer tampoco me pareció que aquello de ser escritor tuviera algún sentido... al fin y al cabo nunca escribía.

Elegí mi profesión como si de una ruleta rusa se tratara, de una manera irresponsable, sin pensarlo ni tener claro lo que haría con mi vida. La vida aceptó mi decisión y no me llevó por caminos diferentes marcados por la suerte o el azar. Tampoco he demostrado ser un aventurero así que no me salí de la linea en el cuaderno de ferrocarril donde se escribiría mi vida.

El gusto por escuchar música en la radio (porque los discos no eran baratos por esos días) me llevó a convertirlo en pasión. Y de la misma manera que un escritor lee para aprender a escribir, yo terminé escribiendo música sin tener la menor idea de cómo hacerlo. Ahora pienso lo mismo, pero ya no tengo complejos a la hora de componer. Y de la misma forma puedo hacer rocanrol o composiciones orquestales para series de televisión, a veces ni yo me lo creo.

Mi asunto con la escritura se desarrolló desde hace unos cinco años gracias justamente a éste blog. No digo que sea escritor, ni que sea bueno o malo, tan solo que tengo necesidad de escribir. Semana tras semana estoy atento a insuflar algunas ideas y letras en éste cuaderno sin rayas. No hay duda de que es egoísta y auto-referencial, pero es lo que hay, una sencilla vida más. Me sorprendo con el entusiasmo que me acompaña al escribir y saber que no dejé desahuciado éste sencillo proyecto, tan es así que tengo por lo menos cuatro más que ven la vida sólo para mis ojos.

Por éstos días ciertas ideas rondan mi cabeza, entre ellas escribir cuentos para niños, un par de guiones y también algo de narrativa. Ya estoy superando el temor de ¿y de qué voy a vivir? Al fin y al cabo no sé como lo he logrado hasta el día de hoy, así que es mejor seguir adelante con mi vida de padre, curioso y diletante, rodeado de libros, música, instrumentos y teclados de varias índoles, sin hacer preguntas ni darle concesiones al miedo o al congelamiento por vía del perfeccionismo. El curso de la vida es un misterio que se descubre a cada paso.

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