domingo, 9 de agosto de 2015

pelo en la cara


La intergaláctica  me recomendó dejármela la noche en que inauguraba su vida con novio y apartamento nuevos. No le presté mayor atención, tan solo me había dejado de afeitar por una semana, pues el asunto de afeitarse llega a ser bastante aburrido e incómodo. Por otra parte nunca me ha llamado la atención dejar que el pelo crezca en mi cara. 

No era la primera vez que recibía el consejo no solicitado. El fundamentalista de la cuadra me había dicho que debía convertirme a judío, como él. Convencido de no querer ir por la vida con un bate a la espalda diciéndole a los demás como vivir la vida y viviendo en casa de la madre a pesar de pasar de los cuarenta años pasé amablemente de la sugerencia.

Una alumna me vio y se alegró de saber que de mi lozano rostro podía brotar una sencilla barba. Le hice notar que lo decía por el ciclo recurrente en la moda del hombre con cara peluda. Sin embargo no le dije que la diferencia estriba en que las muchachas como ella también prefieren las partes nobles debidamente rasuradas... según ellas. Ya quisiera yo ver al che Guevara o al mismísimo Fidel fumando sus habanos gigante mientras se rascan la entrepierna.

El colmo fue cuando mi hija, de apenas cuatro años, se me queda mirando por un rato y me dice que le gustaba mi barba pues me hacía ver "loquito".


1 comentario:

kika dijo...

Por estos lados las barbas están de moda. Esas barbitas cuidadas de rebelde cool.
Reconozco que, mucho antes de las modas, a mi ya me gustaban por esa cosa medio animal que evocan. Baste ver lo que una linda barba con chaqueta de cuero pueden provocar :O