domingo, 27 de septiembre de 2015

dos cervezas y ¡plop!

Nunca me ha gustado beber licor. Las consecuencias que tenía en el comportamiento de mi padre cuando yo era un niño me enseñaron que no valía el esfuerzo. Además son pocas las bebidas espirituosas que tienen buen sabor, en honor a la verdad. No por eso voy por la vida predicando que no se haga ingesta de las mágicas pociones. En mi vida de pareja no he dado con bebedoras o fumadoras, y no porque las busque de esa manera. Lu gusta de las drogas, el licor y el cigarrillo y nos entendemos bien, aunque el asunto de pareja no se ponga sobre el mantel.

Vino y ginebra son las elegidas por mi. Saben bien y atacan donde es debido. Otra cosa es la cantidad que pueda tomar, una copa y quedo baboseando la lona, cuando no quedo fuera del cuadrilátero. En general no me considero machista, así que no tengo problema con no ser el que más pueda beber, aquella prueba de adolescencia eterna que supone demostrar hombría. Por lo que he visto las mujeres son más fuertes en esas lides pero tienen la suficiente inteligencia para no ir gritándolo por la vida. Eso teniendo en cuenta mi casi nula vida de bares, botellas y copas.

Hace poco tiempo tomamos una cerveza con Lu, luego de haber cenado un terrible emparedado de esos que llaman subterráneos. Desde hacía tiempo ella quería compartir ese espacio conmigo, guarecidos por la noche. Para mi fortuna su teléfono sonó luego de 350 mililitros de lúpulo de malta fermentada. Nos despedimos sin habernos manoseado pero con las ganas intactas. Yo terminé con dolor de cabeza y resaca al día siguiente.

Imagino que también tiene que ver mi periodo en el desierto, que de alguna manera me ha limpiado, haciendo que mi tolerancia sea cada vez menor. ¿Mala imagen para alguien que presume de ser puro rocanrol? Posiblemente.

De cualquier manera en mi nevera hay cuatro latas para cuando ella venga. También la absenta que nos prometimos. Ya veremos.


martes, 15 de septiembre de 2015

la marciana

Mi hija es una marciana, de eso no tengo duda. Aunque suene absurdo puedo recordar el momento y lugar en que fue concebida. En ese instante un pensamiento atronó mi mente desgajando el placer. Por eso no fue tan sorprendente cuando la mañana en que decidí acompañar a su madre al médico para tratar un caso de miomas el galeno a cargo decretó que era un bebé con casi cuatro meses de vida. Ese dos de septiembre confirmé que la marciana que había visto en un sueño estaba en camino.

Llegó diez días antes de cumplir cuarenta y dos años. Noté que ese había sido el tiempo dispuesto para prepararme, sin que lo supiera. Es ahí cuando la tremenda pregunta se hace gigante y a colores: ¿Quién soy? Ella llegó con buena parte de la respuesta y el resto la llevo descifrando desde que vivo solo. Sé que ella es mi maestra. Creo, como los chinos, que los hijos vienen a enseñarnos. Es poco lo que nosotros les podemos enseñar. Estamos hechos para servirlos, esa forma que en buena medida define al amor.

La claridad que ha traído es inefable. La idea un poco fuera de foco que tenía de mí se ha ido definiendo gracias a su ayuda. Me he puesto en el asador para que el fuego haga de las suyas; lo bueno queda, lo negativo se ha de transmutar por un trabajo profundo e intenso de auto-conocimiento. Muchos piensan que exagero, que es la novedad del primer vástago la que me saca de la realidad. Se equivocan. Tener una marciana en casa nos es cosa de todos los días ni durará toda la vida.




domingo, 6 de septiembre de 2015

vestida de rojo

Hace un año se comenzó a insinuar el asunto con Lu, pero lo dejé de lado por varias razones. Por una parte, aunque me enviaba mensajes eróticos sin palabras, noté que aún no estaban resueltas sus emociones respecto al padre de su hijo y no soy de los que gustan terciar ese tipo de asuntos. Por otro lado el hecho de que fuese mi alumna y llegara apenas a los veintiún mayos me hacía dudar.

Ella derivó por otros caminos, buscaba sexo con terraplén sin ningún tipo de ataduras y lo encontró. Lo que no esperaba es que los dos favorecidos por el circulo de sus piernas terminaran enamorándose, presas de su ternura que no reluce a primera vista. Eso no estaba en sus planes de femme fatale furtiva. Se entusiasmó con el segundo de los dos, un buen muchacho que le confesó hacer lo que fuera por ella. Pasados un par de meses abrió un paréntesis y volvió a la cama del primero, pero lo cerró y volvió al anterior. Estaba aburrida por el hecho del compromiso al que se dejó llevar. Ella me iba poniendo al tanto en nuestros almuerzos frecuentes, como una periodista del corazón y la entrepierna.

Hace una semana intentó terminar su compromiso. Vi cuando le dio el último beso y nos fuimos a cenar y tomamos una copa. Acepté que le tengo unas ganas inmensas y que se han acrecentado en los últimos doce meses.  El asunto es recíproco pero ella espera mi lance. Es curioso ver como se adapta a las situaciones con facilidad. En el bar me tutea y llama por mi nombre pero en la facultad me dice profesor mientras me guiña el ojo sin que nadie lo note. Decidimos vernos una vez por semana para adelantar proyectos juntos, excusa mutua para vernos.

El viernes estuvo en casa para llevarme un trabajo que debió entregarme hace ocho meses. Para confirmar lo que pensaba llegó con un pequeño vestido rojo a juego con el pintalabios, medias negras para morder muslos y uno de sus variados pares de Dr. Martens. Mi hija estaba conmigo esa tarde, Lu dejó ver su ternura con ella. Charlamos mientras me atreví a cocinar espaguetis al pesto y algo de vino blanco.

No pudo mantener su palabra y volvió con el novio que la aburre con tanta ternura, pero en diferentes condiciones... con menos ataduras.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

acertijos de ansiedad

Hasta hace cuatro años estaba acostumbrado a hacer lo que me venía en gana. El asunto ha cambiado con la llegada de mi hija y con el aislamiento de vivir solo. De un tiempo a ésta parte he aprendido a conocerme un poco mejor y así he podido dejar a un lado la ansiedad.

He notado que mis dependencias eran emocionales y que poco a poco el aislamiento me ha ayudado a encontrar cierto equilibrio. Mis pensamientos ya no se varan en la costa de la obsesión. Tampoco espero que todo se dé como yo imaginaba, de hecho me he impuesto un límite a la imaginación que no sea la creativa.

Me encuentro permitiendo que todo suceda sin que yo intervenga para actuar a mi favor, ya no fuerzo las situaciones. El resultado es alentador y tranquilizante.