domingo, 6 de septiembre de 2015

vestida de rojo

Hace un año se comenzó a insinuar el asunto con Lu, pero lo dejé de lado por varias razones. Por una parte, aunque me enviaba mensajes eróticos sin palabras, noté que aún no estaban resueltas sus emociones respecto al padre de su hijo y no soy de los que gustan terciar ese tipo de asuntos. Por otro lado el hecho de que fuese mi alumna y llegara apenas a los veintiún mayos me hacía dudar.

Ella derivó por otros caminos, buscaba sexo con terraplén sin ningún tipo de ataduras y lo encontró. Lo que no esperaba es que los dos favorecidos por el circulo de sus piernas terminaran enamorándose, presas de su ternura que no reluce a primera vista. Eso no estaba en sus planes de femme fatale furtiva. Se entusiasmó con el segundo de los dos, un buen muchacho que le confesó hacer lo que fuera por ella. Pasados un par de meses abrió un paréntesis y volvió a la cama del primero, pero lo cerró y volvió al anterior. Estaba aburrida por el hecho del compromiso al que se dejó llevar. Ella me iba poniendo al tanto en nuestros almuerzos frecuentes, como una periodista del corazón y la entrepierna.

Hace una semana intentó terminar su compromiso. Vi cuando le dio el último beso y nos fuimos a cenar y tomamos una copa. Acepté que le tengo unas ganas inmensas y que se han acrecentado en los últimos doce meses.  El asunto es recíproco pero ella espera mi lance. Es curioso ver como se adapta a las situaciones con facilidad. En el bar me tutea y llama por mi nombre pero en la facultad me dice profesor mientras me guiña el ojo sin que nadie lo note. Decidimos vernos una vez por semana para adelantar proyectos juntos, excusa mutua para vernos.

El viernes estuvo en casa para llevarme un trabajo que debió entregarme hace ocho meses. Para confirmar lo que pensaba llegó con un pequeño vestido rojo a juego con el pintalabios, medias negras para morder muslos y uno de sus variados pares de Dr. Martens. Mi hija estaba conmigo esa tarde, Lu dejó ver su ternura con ella. Charlamos mientras me atreví a cocinar espaguetis al pesto y algo de vino blanco.

No pudo mantener su palabra y volvió con el novio que la aburre con tanta ternura, pero en diferentes condiciones... con menos ataduras.

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