sábado, 24 de octubre de 2015

familia

Mi vida no ha sido un mapa de grandes aventuras. No he corrido medio mundo tras el amor. Camino las mismas calles de siempre, habito los lugares que pocos han vuelto a pisar porque están en las antípodas siguiendo al amor. En ocasiones me pregunto si he fallado en algo, si soy un mediocre con talento de perdedor. Mi orgullo no permite que el aguijón del desasosiego se enquiste donde más duele. Recorro la biblioteca pública donde confío que los ángeles nos miran por encima del hombro, como en la película de Wenders. Tomo a solas un café con un bizcocho mirando la gente sin bajar la mirada, hurgando en sus vidas que no se parecen a la de Peter Pan que ha sido la mía. Garabateo en mi libreta de papel kraft algunas frases con mi pluma estilográfica (nunca con bolígrafo), me gusta pensar que soy de otro tiempo. A veces me aventuro con algún dibujo en grafito como lo hace Columbo en su papel de ángel caído y feliz.

Luego subo a mi bicicleta, llevo el pelo hasta el hombro, demasiado largo para la gente que tiene mi edad, pero no para mi. Gafas oscuras, casco púrpura y el sillín de mi hija con su casco rosado. Paso por ella al jardín infantil y nos vamos a pasear al parque o a la piscina a la media tarde cuando todos trabajan, lo repetimos varias veces por semana. Jugamos descalzos en la arenera, luego vamos a casa a dormir un rato. Soy feliz y tengo claro que recorreré el mundo junto a ella. Donde está el corazón está la familia.

domingo, 11 de octubre de 2015

de gatos y tejados



Quienes me conocen pueden dar fe de que mi carácter es más felino que canino, aunque hay algo de perruno. De niño tuve perros pequeños, todos pekineses. De adulto tuve una hermosa siberiana llamada Greta. Pero no soy de esos humanos que gozan por salir a pasear con el perro. Hace catorce años me regalaron un gato de raza criolla. Congeniamos con facilidad. Él se dedicaba a sus asuntos y yo a los míos. De vez en cuando se sentaba sobre el amplificador de la guitarra mientras yo tocaba, lo que indicaba que gustaba y aprobaba lo que estuviese tocando. Pero cuando tocaba la armónica o el acordeón salía despavorido. Quien le dedicaba mimos eras mi ex. 

Hace trece años nos fuimos a vivir a Cartagena, le llevamos una preciosa gata siamesa para que ... ustedes entienden. Sin embargo él había sido castrado a los tres meses de vida así que sólo sabía de juegos con pelotas, hebras y cuanta tontera que no incluía gatas. Al mes ella saltó por la ventana del cuarto piso donde vivíamos y se fue a vivir como una reina justo al frente, en la torre del reloj, con una manada de gatos callejeros. Nunca la volvimos a ver.

Debido a la separación de mi ex dejé de verlo. El apartamento donde vivo está rodeado por tejados. La ventana que da al occidente tiene una vista pésima, una medianera verde de un edificio de siete pisos, por fortuna algo puedo ver de los atardeceres. Es el lugar favorito de los gatos, que se tienden a dormir al sol de la tarde. Ahora han optado por tomar el sol en la mañana, así que logré tomar éste corto video de la ventana que mira al oriente. El gato es igual al que vivió conmigo por once años. Pensé que pasaba a saludar.

P.D. Mi hija me está pidiendo un apartamento más grande con una mascota.


domingo, 4 de octubre de 2015

atarbán en familia

Desde hace seis años llevo una doble vida. Tan solo cuatro personas conocen al moscardón diesel, los demás no lo ven y me saludan por mi nombre de pila. Incluso la madre de mi hija desconoce mis aventuras de rocansoul; de hecho llegó a pensar que las horas que dedicaba en el estudio a grabar realmente eran una patraña para ponerle los cuernos con alguien vía internet. Siempre se quejó de que nunca le cantara ni le escribiera una canción. Ella no sabe que no confíes en mi la escribí a partir de algo que vivimos y probablemente no recuerda aquella ocasión en que le mostré tengo que aprender a perder, inspirada en ella. Fue la única vez que me oyó cantar.





Cuando alguien visita mi casa se asombra al ver que vivo rodeado de instrumentos musicales, no hay sillas ni mesas, tan solo mi estudio, no hace falta más. Ahora es un problema pues los días que Lu viene a visitarme no le puedo ofrecer comodidad con dos sillas de madera sin cojín ni espaldar (una de ellas es un cajón peruano en realidad) y aún no me atrevo a ofrecerle la cama para solventar, aunque las ganas me queman... pero me salgo del tema. Los que no me conocen preguntan si tengo una orquesta. La salida fácil es responder con media verdad, trabajo componiendo música para televisión contesto y, le encuentran sentido.

Tan solo en una ocasión pensé que podría develar mi condición de superhéroe con personalidad dividida. Fue con la diosa kali, cuando la confianza fue creciendo sin que estuviera en los planes. Pero ella nunca ha pisado mi casa, así que nunca se dio. Ya veremos qué pasa con Lu.

La única personita que no debe hacer nada para que me comporte como realmente soy es mi hija, la marciana. Con ella puedo bailar sin sentirme un idiota, disfruto cuando le canto con la guitarra o el piano, inventamos canciones y nos reímos como locos. Eso no lo había podido compartir con nadie, hasta ahora. Así que lo guardo como un tesoro y un aprendizaje, no olvido que ella es mi maestra, pues hace un tiempo que quiero cantar en público sin quedar congelado.