domingo, 27 de diciembre de 2015

sibila

Lo prometido y esperado: una semana sin vernos. Las redes trafican nuestros mensajes urgentes sin que se evidencie la intención secreta. Soñé contigo- escribió en la mañana del sábado. No le contesté que la luna llena había atracado mi ventana en la madrugada de ese mismo sábado y había extrañado su olor en la almohada. Seguro fue sincronía pero no de lugares. Y queda en mi memoria esa palabra que susurró como Sibila en dos ocasiones rozando mi oído y que vuelve cada vez que el viento estremece el follaje. Y me atraganto con esos libros que idolatra y por coincidencia traje de la biblioteca para pasar los días que otros disfrutan como vacaciones de significado amorfo para mi. Y nosotros, cuadraremos la otra semana ;) -escribió adelantando el futuro como la mujer sabia de espíritu profético y cuerpo de guitarra que no desafina. Ya veremos.

martes, 22 de diciembre de 2015

ella me tiene

Mi inveterada intuición me llevó a orquestar todo para el viernes 18 de diciembre, sabía de la fuerza de ese número. Lo que no sabía era que esa noche tendría una energía especial (que se daba mientras cenamos, fuimos al teatro y tomamos vino) permitiendo que los astros hicieran de las suyas cuando el cuarto creciente de la luna se establecía en piscis abriendo una puerta insospechada pero anhelada. Incluso los hermanos Davies, de los Kinks, se reunieron para tocar luego de casi veinte años de no hacerlo por darle suficiente tiempo a las peleas. Para completar el circulo cantaron you really got me. Por esa intuición me puse la camisa púrpura que ella me había recomendado usar hace un año y medio atrás -es un color intenso ese- dijo al verme.

Nos habíamos visto durante toda la semana, nos tirábamos lineas que picábamos con gusto inventando cualquier excusa para seguirnos viendo. Ahora era ella quien se encargaba de cerrar los puntos suspensivos y lo interpreté como la señal que esperaba. Sin embargo tan solo el viernes estaríamos sin nuestros hijos pues pasarían la noche con sus respectivos padre y madre.

Después de la medianoche caminamos las pocas cuadras que separan la casa teatro de mi apartamento. Nos habíamos prometido beber la botella de vino que ella me regaló la semana anterior. La bebimos mientras cantamos las canciones que buscábamos en youtube. Ese acuerdo tácito de rocanrol era el prólogo del acto de libromancia posterior. Nos emocionamos cantando a coro, la besé por primera vez, volvimos a cantar, bailamos, me besó por primera vez, volvimos a bailar arrobados, sin guardar distancia, prudencia ni decoro. Danzando ella terminó sobre el piano y yo atacando su cuello, una copa de vino se estrelló contra el suelo mientras caminamos dando tumbos hacia la habitación.

A las 9 de la mañana, luego de haber repetido la faena de las 3.30 de la madrugada, me confesó rodeada de sábanas púrpura que ese no había sido su plan aunque lo deseaba, conmigo quería tomar las cosas de otra manera, sin dar paso a la impulsividad. Le dejé claro que yo pensaba igual, por esa razón habíamos tardado un año y medio en ser impulsivos.

Pasamos el sábado desnudos, por momentos durmiendo abrazados, por momentos hablando. En uno de esos interludios se arrodilló sentándose sobre sus talones para hacer libromancia. Ella escogió Frankenstein  de Mary Shelly , yo los sonetos de Shakespeare y cada uno hizo su pregunta. Según eso debo permitir a la belleza ser libre para que todo se repita y ella... ella será mi mujer para que sea lo adecuado. La sorpresa fue mutua.

Depués de cenar y tomar sake pasamos la noche del sábado. El domingo hicimos juntos el desayuno luego de otra faena de sexo cada vez más lleno de confianza. Ella con mi saco de sudadera luciendo sus piernas por todo el lugar. No nos prometimos nada pero ella me gusta y me gusta estar con ella.





sábado, 12 de diciembre de 2015

sábanas púrpura

Y llegó el momento de intimidad más fuerte que el sexo. Era la primera vez que nos veíamos  en la noche... y la pasamos juntos. No llegó a tiempo como era de esperar, le pregunté si valdría la pena hacerlo o si tendría que correr como la cenicienta. Dejé pasar el tiempo mientras caminaba por calles que fueron mías hace años. La invité a cenar a un restaurante que ya no existía, la calles estaban enloquecidas de gente y luces navideñas. El segundo restaurante resultó un desastre y opté por tomar un taxi que nos llevara a puerto seguro. Comida árabe y la charla la llevó ella queriendo saber cuál había sido la historia de amor con la madre de mi hija. Contesté la verdad -eso fue muy enfermo- acotó, tenía razón. Sin haberlo preguntado me dijo que no le interesaba tener novio, le dije que la mujer de mi vida era mi hija, lo demás era lo demás. El restaurante cerró a las 12 y salimos como dos cenicientas que habían recibido calabazas.

Me dijo que debía irse, intenté buscarle un taxi pero la calle esa noche era peatonal. Ella quería fumar pero no había cigarrillos y caminamos buscándolos. Al notar que le buscaría el taxi  inventó cualquier excusa para ir a otro lugar y tomar algo, mágicamente la calabaza amarilla con letrero de taxi entró a cuadro. Durante el trayecto me preguntó cuál era mi estrategia de seducción si no bebo ni bailo. Fuimos a la zona rosa, a ninguno de los dos nos gusta pero no quería que tuviera el control. Fumó. Tomamos un ginebra y el bar cerró, Pensé que eso había sido to-to-todo amigos, pero ella quería caminar para fumar. Llegamos a un bar de mi adolescencia que aún estaba en pie. La música estaba muy bien, a pesar de ser tan joven la celebró y se contoneó con el rocanrol como me gusta. Un margarita para ella y otro gin tonic para mi. De repente, mientras hablo, hace cara de sorpresa y me dice que no tiene las llaves de su casa así que no puede entrar. Solución: quédate en mi casa. El bar cierra. Otra calabaza a las dos de la mañana con rastros de carroza nos lleva al desierto de mi apartamento.

Me preparé un café para dejar a un lado el ligero mareo del gin. Lo tomamos entre los dos mientras hablamos de la primera vez que nos vimos. Mi pregunta si es mi alumna -lo fuiste- contesté. Le digo que voy a cambiar las sábanas para que duerma en mi cama y yo en la sala. No quiso lo uno ni lo otro -podemos dormir en la misma cama, no va a pasar nada- dice -y si pasa no hay problema- contesto con descaro mientras ella suelta una carcajada.  Pero la cama es sencilla no doble, me dice que no hay problema. Mi pidió un saco largo para dormir, escogió el gris, me retiro para que se lo ponga. No se quitó las medias negras. Ella tendió la pequeña cobija de león de mi hija de la manera que yo lo hago. Guardo a Doña Pera, el bebé, el tigre, y el pato. Por supuesto no dormí desnudo como acostumbro. Apagué las luces y me caí de la cama pues no sabía cómo abordarla, hace cuatro años y medio que ninguna mujer duerme conmigo (aparte de mi hija). Risas para mi torpeza.

La nuca que miraba en clase estaba a unos centímetros de mi cara, la podía oler. Su respiración era fuerte, hacía que dormía. Nuestros pies no dejaron de rozarse en toda la noche. El tamaño de mi cama obligaba a acoplar mis piernas en las suyas, en cucharita. Ella acercó su cuerpo al mío con sutileza y suavidad, buscando que no se notara. La abracé como se abraza a quien amas mientras duerme. No intenté nada aunque lo anhelo, seducir con licor de por medio siempre me ha parecido una trampa. Amaneció y mi sueño ligero terminó por disiparse entre 5.30 y 6, como siempre. Me acomodé para verla dormir aunque nunca se volteó hacia mi, su rostro estuvo siempre hacia la pared. Me concentré en su respiración suave. Un rato después se volteó para acomodarse, me mira y pregunta si la observo dormir -tú que crees- respondo -usted está muy loco- contesta entre tímida y halagada -desquiciado- se acopla de nuevo pero ésta vez me veo dulcemente obligado a subir mi pierna ligeramente sobre su pierna derecha, vuelvo a poner mi mano en la curva de su cintura. Me tiene al borde de la cama.

A las 7.30 decido salir para buscar algo que comer y traer el carro de mi padre. Ella me quiere acompañar pero la convenzo de que duerma entre tanto. Le preparé el desayuno, se paseó por mi estudio con mi saco de sudadera que le llegaba hasta la parte alta del muslo, tal como lo había imaginado. Al verse al espejo dijo que estaba prácticamente desnuda y debía vestirse, -estás perfecta- dije con descaro. No se cambió. Notó el calendario de la cocina donde están marcadas las noches que he pasado con mi hija, toma el marcador y escribe su nombre... muero por dentro.

La llevé a su casa, la casa de sus padres que están fuera de la ciudad hace un par de semanas. El cerrajero abre la puerta. La espero comiendo una manzana en la sala mientras ella se cambia en el segundo piso. Me pide que la acompañe porque se puede demorar un poco. Subo con timidez, veo su habitación desde afuera, ella insiste en que pase. Veo como prepara la maleta para el viaje corto que va a hacer en menos de una hora. Se maquilla. Regresa del baño con unos pantalones de algodón rojo ajustados, se alcanza a notar la ropa interior negra, se lo hago ver y lo soluciona. Se lava los dientes, se pone desodorante. Me hace testigo de su intimidad porque ella lo quiere. La conmoción que comenzó a las tres de la mañana llega a puntos inesperados por su belleza. Al salir me regala una botella de vino, le agradezco y le pido que la tomemos juntos cuando regrese. Antes de recoger a su prima me pregunta porqué soy así, usa una palabra de jerga que quiere decir estupendo. Pasamos a buscar a su prima, se convierte en la copiloto navegante sexy y las dejo en el lugar de donde van a partir. Me besa en la mejilla y baja, da la vuelta al carro y se acerca a mi ventanilla, -fue raro pero muy lindo- le digo, -fue raro, es cierto, me dejó loca que me viera dormir- contesta entusiasmada y ofrece su rostro para que la vuelva a besar, lo hago muy cerca de su boca, rozando la comisura de sus labios.

No hubo sexo y no me molesta porque no quise repetir escenas pasadas, ésto lo quiero diferente y sin comportamientos enfermos. Ahora lo anhelo más y la extraño. Viví quince horas como nunca, estoy tranquilo y feliz. Es la primera mujer que duerme en mi cama del desierto, me gusta que haya sido ella quien hiciera la marca en el calendario un diez de diciembre.

Intuyo que sabe de mi álter ego y que incluso me lee. Tenemos una botella de vino por delante y un calendario por marcar guapa.



martes, 8 de diciembre de 2015

deseos homónimos

Ya no creo en las coincidencias fortuitas. Estoy cada vez más convencido de que la partitura de la vida se va componiendo a partir de pensamientos y acciones coherentes que van teniendo consecuencias. De cualquier manera es grato ver como esa magia va tomando forma a través de sencillas escenas en las que me convierto al mismo tiempo en director y espectador de mi propia vida.

Anoche en medio de un concierto de marimba de chonta (música tradicional del pacífico colombiano) una mujer pronunciaba ese nombre que me entusiasma. Por supuesto no se refería a la misma persona, pero me hizo sonreír al darme cuenta de la sincronía. Así ha sucedido en varias ocasiones en el último par de semanas. Sin embargo los encuentros personales no se concretan, las citas se cancelan, el deseo aumenta, la ansiedad revienta.

Es curioso que hace más de un año me entusiasmaba alguien diferente pero con el mismo nombre. Han debido pasar varias lunas para que la vida se encargara de ayudarme a enfocar mejor. Las razones existían sin duda, al igual que mi ánimo de actuar correctamente. Es posible que todo esto no termine como película de Hollywood pero entre tanto le pone gusto a la vida de idealista romántico que pretendo no ver.

jueves, 3 de diciembre de 2015

momento de cambios

Siento que los días pasan muy rápido y me culpo de no aprovecharlos mejor, yo, el señor carpe diem. Hay quienes dicen que es un fenómeno físico real, los días duran menos y la ansiedad crece. Confirmo que el mayor valor que tiene el ser humano es el tiempo, incluso me convenzo más de que la razón de estar en el planeta es percibirlo, aunque sea una ilusión.

Estoy atado a las ideas de eficiencia y resultado propias de alguien competitivo como yo. Me preocupo al ver pasar los días y creer que los pierdo.Sin embargo el punto de giro deja ver su cara de inmediato. Paso todas las tardes con mi hija, vamos al parque y caminamos descalzos por la arena y el pasto, rodamos por las colinas, montamos en bici (ella en la suya tamaño miniatura que ya domina sin las ruedas auxiliares), tomamos helados, vamos a la piscina, bailamos, cantamos, dormimos a la media tarde, en fin, actividades que por éstos días son de lujo para muchos padres.

De inmediato vuelve la tranquilidad y me siento agradecido por tener todo el tiempo necesario para estar con ella y pasar de largo por el camino de los billetes, porque al dinero hay que faltarle el respeto decía  Bugsy, ese mafioso encantador que inventó la ciudad del pecado, los casinos y las tragaperras. Cuando llego a casa entrada la noche, luego de dejarla con su madre, es poco lo que hago pero mucho lo que quisiera hacer. Hay ideas, música, guiones y planes atascados entre mi mente y mi corazón.

Intuyo que viene otro momento de cambios. Ser profesor comienza a aburrirme (era de esperar) y hay varios retos frente a mi. Por una parte desarrollar mis proyectos personales, por otra intentar compartir esa vida de pareja que extraño. No pienso quitarle tiempo a mi hija eso está claro, tan solo quiero permitir que el amor haga de las suyas.