martes, 22 de diciembre de 2015

ella me tiene

Mi inveterada intuición me llevó a orquestar todo para el viernes 18 de diciembre, sabía de la fuerza de ese número. Lo que no sabía era que esa noche tendría una energía especial (que se daba mientras cenamos, fuimos al teatro y tomamos vino) permitiendo que los astros hicieran de las suyas cuando el cuarto creciente de la luna se establecía en piscis abriendo una puerta insospechada pero anhelada. Incluso los hermanos Davies, de los Kinks, se reunieron para tocar luego de casi veinte años de no hacerlo por darle suficiente tiempo a las peleas. Para completar el circulo cantaron you really got me. Por esa intuición me puse la camisa púrpura que ella me había recomendado usar hace un año y medio atrás -es un color intenso ese- dijo al verme.

Nos habíamos visto durante toda la semana, nos tirábamos lineas que picábamos con gusto inventando cualquier excusa para seguirnos viendo. Ahora era ella quien se encargaba de cerrar los puntos suspensivos y lo interpreté como la señal que esperaba. Sin embargo tan solo el viernes estaríamos sin nuestros hijos pues pasarían la noche con sus respectivos padre y madre.

Después de la medianoche caminamos las pocas cuadras que separan la casa teatro de mi apartamento. Nos habíamos prometido beber la botella de vino que ella me regaló la semana anterior. La bebimos mientras cantamos las canciones que buscábamos en youtube. Ese acuerdo tácito de rocanrol era el prólogo del acto de libromancia posterior. Nos emocionamos cantando a coro, la besé por primera vez, volvimos a cantar, bailamos, me besó por primera vez, volvimos a bailar arrobados, sin guardar distancia, prudencia ni decoro. Danzando ella terminó sobre el piano y yo atacando su cuello, una copa de vino se estrelló contra el suelo mientras caminamos dando tumbos hacia la habitación.

A las 9 de la mañana, luego de haber repetido la faena de las 3.30 de la madrugada, me confesó rodeada de sábanas púrpura que ese no había sido su plan aunque lo deseaba, conmigo quería tomar las cosas de otra manera, sin dar paso a la impulsividad. Le dejé claro que yo pensaba igual, por esa razón habíamos tardado un año y medio en ser impulsivos.

Pasamos el sábado desnudos, por momentos durmiendo abrazados, por momentos hablando. En uno de esos interludios se arrodilló sentándose sobre sus talones para hacer libromancia. Ella escogió Frankenstein  de Mary Shelly , yo los sonetos de Shakespeare y cada uno hizo su pregunta. Según eso debo permitir a la belleza ser libre para que todo se repita y ella... ella será mi mujer para que sea lo adecuado. La sorpresa fue mutua.

Depués de cenar y tomar sake pasamos la noche del sábado. El domingo hicimos juntos el desayuno luego de otra faena de sexo cada vez más lleno de confianza. Ella con mi saco de sudadera luciendo sus piernas por todo el lugar. No nos prometimos nada pero ella me gusta y me gusta estar con ella.





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