jueves, 3 de diciembre de 2015

momento de cambios

Siento que los días pasan muy rápido y me culpo de no aprovecharlos mejor, yo, el señor carpe diem. Hay quienes dicen que es un fenómeno físico real, los días duran menos y la ansiedad crece. Confirmo que el mayor valor que tiene el ser humano es el tiempo, incluso me convenzo más de que la razón de estar en el planeta es percibirlo, aunque sea una ilusión.

Estoy atado a las ideas de eficiencia y resultado propias de alguien competitivo como yo. Me preocupo al ver pasar los días y creer que los pierdo.Sin embargo el punto de giro deja ver su cara de inmediato. Paso todas las tardes con mi hija, vamos al parque y caminamos descalzos por la arena y el pasto, rodamos por las colinas, montamos en bici (ella en la suya tamaño miniatura que ya domina sin las ruedas auxiliares), tomamos helados, vamos a la piscina, bailamos, cantamos, dormimos a la media tarde, en fin, actividades que por éstos días son de lujo para muchos padres.

De inmediato vuelve la tranquilidad y me siento agradecido por tener todo el tiempo necesario para estar con ella y pasar de largo por el camino de los billetes, porque al dinero hay que faltarle el respeto decía  Bugsy, ese mafioso encantador que inventó la ciudad del pecado, los casinos y las tragaperras. Cuando llego a casa entrada la noche, luego de dejarla con su madre, es poco lo que hago pero mucho lo que quisiera hacer. Hay ideas, música, guiones y planes atascados entre mi mente y mi corazón.

Intuyo que viene otro momento de cambios. Ser profesor comienza a aburrirme (era de esperar) y hay varios retos frente a mi. Por una parte desarrollar mis proyectos personales, por otra intentar compartir esa vida de pareja que extraño. No pienso quitarle tiempo a mi hija eso está claro, tan solo quiero permitir que el amor haga de las suyas.

1 comentario:

Julibelula dijo...

Siempre hay que dejar que el amor haga de las suyas, sea que dure un minuto o el resto de la vida.