sábado, 30 de enero de 2016

felicidad

no soy el tipo que dedica canciones, eso está claro, prefiero escribirlas aunque existan mejores, hechas por mejores músicos. los últimos treinta días han sido diferentes para mi y sin duda alguna gratos. recibir sus mensajes diarios que ahora se metamorfosearon en llamadas. buscar excusas para verse, incluso hacer citas para pasar la tarde con nuestros hijos ha sido el bálsamo de fierabrás. no hay compromiso, ella lo llama lo nuestro. pero las vacaciones han terminado y desde el lunes comenzará un punto de giro. hasta ahora me ha enseñado a mirar de otra manera las relaciones. ya veremos que pasa, de momento nadie nos quita lo bailado.

domingo, 17 de enero de 2016

al final del día

Soy de los que se levantan con el sol y se refugian en su casa cuando cae la noche. Seguramente es un comportamiento anticuado pero así me siento seguro. Cuando cruzo el umbral para entrar al desierto de mi casa tengo la sensación de una prueba por concluir, generalmente la defino como un sano aislamiento, sin embargo en ocasiones la leo como soledad, simple y llanamente.

Cuando salgo de la casa de los abuelos ellos se acompañan; al final de la tarde dejo a mi hija con su madre; yo en cambio llego al silencio solitario que cada vez es más difícil de cargar. Hace poco una amiga me escribía al respecto, pues está en una situación similar, y decía que el músico que le gusta cometió el error de quedarse a dormir una noche en casa con ella y ahora la agobia su ausencia. La entiendo. No se sabe qué es peor.

Dicen que es el precio que se debe pagar por cierta libertad. Al final del día extraño la familia que apenas me duró 114 días y que nunca volveré a tener.

viernes, 1 de enero de 2016

grafología y libromancia

Prueba de grafología

Se sumergió, diptongo
dicotomía. Anzuelo, largo,
azulejos pegados, flotando 
en la comisura de sus 
labios.  Lobotomía temporal,
trascendencia vacía.


Soneto 9 de Shakespeare (tercera estrofa)

Lo que un pródigo gasta y distribuye
solo cambia de manos y se mueve
sin perderse. No así con la belleza:
quien guarda la belleza la destruye, 
y no existe el amor en quien se atreve
con un crimen de tal naturaleza.

Frankenstein de Mary Shelley (capítulo 1)

Varios meses transcurrieron así. Su padre empeoró, ella dedicó más tiempo a ocuparse de él, sus medios de subsistencia disminuyeron y, a los diez meses, su padre expiró entre sus brazos dejándola huérfana y desamparada. Este último golpe había sido excesivo para la joven, y estaba arrodillada llorando ante el féretro de Beaufort cuando mi padre entró en la habitación. Llegó como un espíritu protector y la pobre muchacha pronto se confió a su cuidado. Él, después del entierro de su amigo, la condujo a Ginebra y la puso bajo la protección de un familiar. Dos años después de esto, Caroline se convirtió en su mujer.