domingo, 17 de enero de 2016

al final del día

Soy de los que se levantan con el sol y se refugian en su casa cuando cae la noche. Seguramente es un comportamiento anticuado pero así me siento seguro. Cuando cruzo el umbral para entrar al desierto de mi casa tengo la sensación de una prueba por concluir, generalmente la defino como un sano aislamiento, sin embargo en ocasiones la leo como soledad, simple y llanamente.

Cuando salgo de la casa de los abuelos ellos se acompañan; al final de la tarde dejo a mi hija con su madre; yo en cambio llego al silencio solitario que cada vez es más difícil de cargar. Hace poco una amiga me escribía al respecto, pues está en una situación similar, y decía que el músico que le gusta cometió el error de quedarse a dormir una noche en casa con ella y ahora la agobia su ausencia. La entiendo. No se sabe qué es peor.

Dicen que es el precio que se debe pagar por cierta libertad. Al final del día extraño la familia que apenas me duró 114 días y que nunca volveré a tener.

1 comentario:

kika dijo...

Las formas de hacer familia son tantas que no digas nunca, porque algún día te puedes sorprender.
Yo que siempre he funcionado bien sola, ahora que estoy más viejita extraño a mamá y me la paso armando panoramas con ella y de hecho me encantaría volver a vivir cerca de ella (y mi hermana y sobrinos) en la costa.
La soledad es más un estado mental que físico...claramente.

Saludos!