martes, 24 de mayo de 2016

en la noche

Se completan cinco años de llegar a una casa sin familia. Las paredes están atiborradas de dibujos de mi hija, algunas cosas de Lu que van y vienen, además de mi estudio que he abandonado un poco. Ya me atrevo a decirlo, no quiero seguir así; todos los días cuando le envío besos de buenas noches a mi hija, siento una ausencia enorme y un poco de envidia de su madre pues la tiene a su lado. Lu llenaba el vacío pues se acordaba de mi, pero poco a poco ha dejado de pasar, no sé si se repita, pero me acostumbré. Ahora el bajón es notorio. Felicito a quienes conservan la familia a su lado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buena voz, atarbán!. Te había leído varias veces y no te había oído... ¿Extraño, ¿no?